(Parte 4)
J. Gerardo Mosqueda M.
La competencia electoral de 2027 ha generado una agenda de temores y de especulaciones en las dirigencias de los partidos y parece que toman decisiones contradictorias, sin embargo, obedecen a las expectativas que se generan a partir de los temores de perder el poder desde el oficialismo político mexicano.
Hoy no hace falta dar muchos argumentos para explicar cómo, desde la idea de agrupar en el PNR, fundado por Calles que luego tránsito al PRM de Lázaro Cárdenas y parecía que finalmente quedaría en el PRI… De pronto se encuentra con una reinvención y se actualiza en la figura de MORENA con las mismas estrategias para las estructuras corporativas y para el funcionamiento como brazo político organizativo Del Estado.
La presidente del país ha hecho los movimientos necesarios para consolidarse como una figura de un partido hegemónico, con una visión autocrática del gobierno, en un esquema populista de los años 70 y convencida de defender todas las posturas fracasadas de la izquierda populista de América Latina como si se hubiese estacionado en el tiempo y quisiera redimir, estén vivos o a punto de morir, los liderazgos que quedan de la izquierda en América, que fue motivo de su inspiración, y de la cual prácticamente no queda nada.
Es verdad que la irrupción de morena capitalizó el descontento social, sin embargo, el sistema a transitado de la competencia entre los partidos a la consolidación de dos grandes bloques, la coalición oficialista y la alianza de los partidos tradicionales que hoy está en una franca redefinición, porque los partidos históricos de la transición perdieron fuerza territorial, de tal manera que ver una reconfiguración en el horizonte inmediato del proceso electoral intermedio de 2027 no debiera de extrañarnos, están cambiando las estrategias en algunos casos a marchas forzadas y con dificultades objetivas.
El bloque oficialista tendrá que pasar una prueba que tiene que ver específicamente con la Sociedad, que sea resultado de sus negociaciones y alianzas con organizaciones criminales, cuestionamiento que pone en entre dichos si permanece o no, su alianza con el PVEM e inclusive si se refrenda la alianza de los tres partidos del oficialismo; la posición tradicional todavía está en un espacio de reconfiguración, mientras tanto el MC trata de establecer una ruta propia y trata de mantenerse al margen de los bloques tradicionales, enfocado a conservar sus bastiones clave en la operación política del país, específicamente Nuevo León y Jalisco y una explosiva, pero al final incipiente expectativa que se genera con la salida de la presidente municipal en León Guanajuato.
Desde luego que queda pendiente definir la aparición de las nuevas fuerzas electorales en el escenario político y el ecosistema de partidos se ampliará debido al proceso legal de registro abierto por el Instituto nacional electoral y podrían por lo menos tres nuevas agrupaciones políticas que han cumplido con las asambleas y afiliaciones requeridas y que estaría buscando estar en la boleta de027.
Somos México hoy con el liderazgo de Guadalupe Acosta Naranjo y Cecilia Soto, construyendo sociedades de Paz y México tiene Vida… por ahora no dedicaremos más comentarios sobre el particular hasta una vez que reciban su correspondiente registro, retomaremos el tema.
El PAN y el PRI enfrentan crisis de identidad y de representación, en algunos casos han llegado a comprometer su viabilidad a largo plazo. La alianza total que tuvieron estos partidos diluyó drásticamente las identidades de ambos, desdibujo sus plataformas ante el electorado y es probable que, si hubiesen hecho los ajustes de estructura para las elecciones intermedias del sexenio pasado, hubiese logrado mantener mejores posibilidades de triunfos políticos en el país.
Ahora mismo, la decisión de competir por separado en la elección intermedia de 2027, desde luego que responde a una necesidad de supervivencia financiera y del registro mismo y están buscando retener cuadros locales para evitar ese fenómeno de diáspora, de transfuguismo… muy común en estos tiempos.
En unas semanas, el Instituto nacional electoral despejará la duda respecto a la participación de los nuevos partidos políticos, por diseño institucional en México los partidos nuevos no pueden ir en coalición en su primera elección; esto generará un escenario donde el voto antisistema u opositor al gobierno se dividirá entre los partidos tradicionales como el PAN y el PRI, el MC y las nuevas opciones.
Es lógico, reconocer que a mayor fragmentación de la oposición menor es el porcentaje de votos que necesita el partido mayoritario para ganar los distritos de mayoría relativa, es una transición inevitable, porque así está la ley, este fenómeno que se podría considerar de modo genérico, como la fragmentación de la oposición para el proceso de 2027, da la apariencia que facilitará una mayoría absoluta del oficialismo nuevamente, pero también es probable que el surgimiento de nuevos partidos active a los ciudadanos que dejaron de votar por el PAN o por el PRI, y esto les permita capitalizar los votos, que naturalmente, están dejando de presentarse en favor del oficialismo, porque en los últimos meses las fortalezas mediáticas, especialmente derivadas de toda la inversión en la estructura de propaganda del gobierno, ha generado un efecto negativo de la aceptación de los ciudadanos respecto de las figuras gubernamentales, empezando por la señora Sheinbaum.
La presidenta de México ha preferido posicionarse como la líder de su movimiento político, antes que como la jefe del Estado Mexicano y contra todo pronóstico, ha preferido esconder la cabeza ante lo señalamientos de su vinculación de MORENA con organizaciones criminales, prácticamente en todo el país, ya no es un argumento para presumir los porcentajes de aprobación de los ciudadanos hacia la presidente de México.
Ha permeado de manera drástica, la desaprobación de los ciudadanos hacia el oficialismo ante evidencias, muy lamentables de vínculos perversos del gobierno mexicano con organizaciones criminales, de todo este tema, parece que ya no hay que esperar mucho tiempo y sabremos las gravísimas consecuencias de que la presidente de México haya preferido defender a sus colegas de partido que a la nación.
El caso específico del PRI es de una organización política que está transitando de una etapa de decadencia crónica a una etapa de irrelevancia estructural, quizá de supervivencia mínima. El PRI que durante el siglo XX fue un prototipo mundial de un Partido-Estado, hoy enfrenta dilemas que amenazan su existencia legal y operativa. Tiene una situación de colapso de la identidad ideológica y de la propia marca del PRI, ha perdido la base social y sectores importantes migraron masivamente a MORENA que adoptó la narrativa nacional popular del viejo PRI.
También tuvo un costo muy alto la mega alianza con el PAN, su rival histórico. Con esa alianza el PRI desdibujó su identidad y para los votantes tradicionales el partido dejó de significar algo propio, por lo tanto, su decisión de competir en solitario del 2027, pues no dejará de ser un intento desesperado por recuperar su marca, aunque sigue arrastrando niveles altísimos de rechazo ciudadano que supera el 60% en la mayor parte del país.
La mayor parte de liderazgos locales que aún tienen votos, están migrando a MORENA para asegurar sus posiciones o a MC antes que quedarse en un barco que parece que se hunde, inclusive el fichaje de figuras panistas hacia movimientos ciudadano, como el caso de la alcaldesa de León acelera la presión para que los priistas busquen salidas similares.
El PRI ha completado su mutación hacia un partido, que ya no compite para ganar el poder de gobernar el país, sino para administrar las pocas cuotas que le quedan.
Por otro lado, el control centralizado del partido asegura que el pequeño porcentaje de votos que el PRI obtenga en 2027 podría servir exclusivamente para otorgar posiciones plurinominales a la cúpula dirigente y algunos aliados cercanos, es decir, se encuentra en una especie de negocio de supervivencia, porque si no alcanza el 3% de la votación válida emitida en la elección federal para diputados estará en condiciones de perder su registro legal como partido político nacional, ya en varios estados de la República el PRI opera con porcentajes inferiores al 5% por lo que la elección de 2027 será definitoria en el futuro inmediato de ese partido.
Es verdad que el PRI no desaparecerá del mapa de la noche a la mañana con algunos feudos locales como Coahuila y una inercia institucional, sin embargo, su futuro podría ser convertirse en un partido satélite, similar al destino del PVEM en sus inicios o el PT disputando el 4 o el 5% de la votación nacional, el PRI, por tanto, ya no es parte de los políticos que diseñen el futuro de México… hoy quizá sólo reaccionan a la agenda que impone MORENA y otras nuevas oposiciones.
Si el PRI logra hacer reaccionar al electorado ante los escándalos de seguridad con el oficialismo y si logrará activar una estructura necesaria para canalizar este descontento, entonces el debilitamiento de MORENA por acusaciones de vínculos con el crimen organizado, no se traduce como una alternativa favorable al PRI de manera automática.
La realidad es que el voto de castigo difícilmente regresa al pasado, cuando el ciudadano decide castigar a un partido en el gobierno, por temas de corrupción o seguridad. El voto no retorna automáticamente a las opciones tradicionales, específicamente si carecen estas de legitimidad por un lado Y por otro lado para amplios sectores de la población. El PRI sigue asociado históricamente con las épocas donde se arraigaron los problemas de violencia y de delincuencia en el país, y, por último, el votante inconforme con el oficialismo puede ser que prefiera la abstención o inclusive buscar opciones que en ciudadano perciba como limpias antes que regresar al partido que castigó del 2018.
Si la narrativa de inseguridad sigue debilitando a los bloques oficialistas, los principales beneficiarios podrían ser fuerzas políticas, intermedias o emergentes, y en este sentido movimiento ciudadano se ha mantenido en una narrativa ajena a los errores del pasado del PRI y del PAN, y también a las fallas del presente de MORENA y casos como el éxodo de figuras competitivas, como el caso de la presidente municipal de León demuestran que la oposición emergente puede resultar más atractiva para el votante indeciso.
Nuevas agrupaciones como Somos México se podrían estar posicionando estratégicamente para capturar el voto de la sociedad civil organizada que busca castigar al gobierno actual sin vincularse a las siglas tradicionales del PRI. Aun así el oficialismo pierde puntos debido a los escándalos de corrupción y de inseguridad en los que está inmerso y pese a que se dé el fenómeno de distribución del voto de castigo, entre todas las opciones tradicionales y los nuevos partidos y lo que está sucediendo es que el sufragio opositor tiende a pulverizarse, desde luego que hay una ventaja matemática en el sistema electoral mexicano de mayoría relativa para los distritos federales, la fragmentación de la oposición podría permitir que el partido mayoritario gane la posición, incluso si su votación disminuye, ya que sus rivales se restan votos entre sí.
Los escándalos al final desde luego que afectan el oficialismo y abren ventanas de oportunidad para la oposición. En general, es probable que el PRI y el PAN sigan creciendo en la confianza Ciudadana lo necesario para ser receptores de ese descontento, tanto como es probable que, si estén en mejores condiciones de convertirse en una alternativa real, falta analizar sus esquemas de renovación interna, sus relevos en los liderazgos, una plataforma, especialmente disruptivo y es algo que por ahora no parecen comunicar mucho sus dirigentes.
… continuaremos con este análisis para concluirlo en la próxima entrega.
Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda M.

