J. Gerardo Mosqueda M.
El resultado de las negociaciones, con respecto al T-MEC del día 1 de julio, instaló las relaciones de las tres naciones en un espacio de negociación prolongada que, desde luego, a moderado las expectativas de crecimiento, derivado de la cautela, con la que los inversionistas analizan el entorno y el futuro de la situación económica de los tres países, pero en particular, las expectativas de crecimiento económico debido a las cautelas de los inversionistas.
Las agencias calificadoras como global rating sitúan la expansión económica en 1.1% para este año 2026, otros organismos como el Fondo Monetario Internacional ya ajustaron sus previsiones a 1.2% del mismo modo, otras agencias calificadoras o despachos de proyecciones económicas de instituciones financieras y prácticamente todos coinciden en una proyección de 1.1% de crecimiento.
Del mismo modo Standard and Pours mantiene su nota soberana de México en BBB con perspectiva negativa, ligada a la rigidez presupuestaria y al lento dinamismo de la inversión privada y específicamente en la política monetaria del mercado está proyectando que la tasa de referencia del banco de México cerrará el periodo en 6.5%. Es verdad, que el tratado que nos ha ocupado durante varias semanas, no se rompió, tampoco se canceló; mantiene su vigencia legal, pero hay un cambio sustantivo en su dinámica operativa.
Al no haber consenso de renovación automática hasta 2042, se abre la opción del artículo 34.7. (Que la letra dice: cada año se evaluará el cumplimiento del pacto para ir reduciendo las disputas que queden pendientes.) así es de qué el equipo mexicano liderado por la Secretaría de economía redujo los temas de discusión de 54 a 14 asuntos pendientes, por lo tanto, la próxima ronda formal bilateral.
Está calendarizada para el 20 de julio, discutirá sólo los asuntos que tengan prioridad para el gobierno de Estados Unidos.
No obstante, en las fricciones México conserva el acceso preferencial al mercado de Estados Unidos y se mantiene el 85% de las exportaciones mexicanas libres de aranceles para su ingreso a Estados Unidos frente a competidores asiáticos que están pagando tarifas arancelarias de entre 10% y 25%.
A partir del día 20 tendremos la expectativa de ver cómo se resuelven, en las mesas de diálogo, las demandas asimétricas de los socios comerciales para México. Hay algunas prioridades:
1. Eliminar aranceles unilaterales. Específicamente las tarifas al acero y al aluminio, impuestas bajo la sección 232, de Estados Unidos.
1. Preservar las reglas de origen actuales y proteger la competitividad de las plantas de
ensambles automotrices en México.
2. Atraer inversiones en sectores de alta tecnología, como semiconductores, electrónica
avanzada y farmacéutica.
El gobierno de Estados Unidos está planteando endurecer las reglas para exigir mayor proporción de componentes fabricados estrictamente en suelo estadounidense. Especialmente, es muy importante, restringir la entrada a nuestra región de insumos y productos provenientes de economías que no son de mercado, específicamente la economía China. Adicional a esto. Para Estados Unidos es importante presionar en materia de soberanía tecnológica, regulación de inteligencia artificial y cumplimiento de la justicia laboral.
A modo de balance de riesgos para el futuro económico, el principal riesgo no es la cancelación del tratado, sino que las revisiones anuales constantes desincentiven los proyectos de inversión extranjera a largo plazo.
México se mantiene como el principal socio comercial de Estados Unidos, con exportaciones que superan los 550,000 millones de dólares en los últimos 12 meses, aunque estas cifras son muy alentadoras; si las condiciones de ajuste a la baja en el crecimiento de la economía mexicana no cambian, las proyecciones más conservadoras del mercado comenzarán a materializarse: También el banco de México tiene su expectativa en 1.1% y en el escenario más pesimista se puede percibir una especie de parálisis industrial y organismos como la OCDE advierten el avance podría ser apenas de 0.8%.
Por su parte, la Secretaría de hacienda y crédito público mantiene su optimismo de 2.3%, argumentando una solidez de la demanda interna y el beneficio de ciertos eventos coyunturales, con lo cual está generando una brecha en sus criterios contra el consenso generalizado de los analistas económicos del país.
Es importante identificar algunos valores en la conducta del consumidor que ha emigrado paulatinamente hacia un esquema de consumo defensivo. Esto quiere decir que una economía ralentizada transforma directamente los hábitos de las familias y los consumidores dejan de priorizar tiendas de formato tradicional y gastan más en esquemas de optimización de cada peso en productos genéricos o de primera necesidad.
Los consumidores están acudiendo cada vez menos a los centros de consumo, pero compran más por visita, debido al impacto inflacionario en los alimentos.
Al margen de las maniobras del gobierno hay una reducción significativa; si la recaudación no crece al ritmo deseado, es decir, hay firmas de análisis financiero, que advierten que una menor actividad económica deteriora rápidamente el balance fiscal debido a la rigidez del gasto público, con una inflación subyacente que se resiste acceder rápido y tasas de interés que bajan a cuentagotas, el costo del crédito para las empresas y personas seguirá siendo elevado.
Es verdad que la desaceleración económica nos afecta a todos, pero no del mismo modo,
especialmente debido al sesgo de las exportaciones, aunque las inversiones a gran escala están pausadas por la incertidumbre de las revisiones anuales del T-MEC, la manufactura tecnológica, la electrónica y la proveeduría automotriz del norte y centro del país están manteniendo un flujo mínimo de capitales; en contraste, al haberse concluido los megaproyectos faraónicos de infraestructura del gobierno, los estados del sur están experimentando la mayor desaceleración al perder el subsidio del gasto público directo en la construcción.
La economía mexicana se mueve a un ritmo de crecimiento muy lento entre 0.8% y 1.2%, es evidente que el mercado laboral formal experimenta y seguirá creciendo, una pérdida de dinamismo estructural; esto significa que, aunque no se prevé una ola masiva de despidos más, el ritmo de crecimiento de nuevos puestos formales es insuficiente y seguirá siendo insuficiente para absorber a la población que se incorpora cada año a la fuerza laboral.
El indicador más contundente de la salud laboral de nuestro país es el registro de trabajadores en el Instituto Mexicano del seguro social. Todas las metas de crecimiento del empleo han sido incumplidas y para cubrir la demanda demográfica del país se requiere aproximadamente la creación de 100,000 empleos formales al mes, es decir 1.2 millones de empleos formales al año.
Pero la realidad es que tenemos un proceso de desaceleración de la economía bajo un escenario donde las proyecciones de analistas se estiman que la creación de empleos se ubicará por debajo de los 450,000 en el año, es decir, el esfuerzo del actual gobierno sólo alcanza para generar con un déficit acumulado de más de medio millón de personas que no encontrarán un espacio formal en su desempeño laboral.
Y las empresas productivas, las organizaciones están deteniendo los planes de apertura de nuevas áreas; las vacantes que se publican son casi exclusivamente de reposición, no de crecimiento y ante el temor de no encontrar un empleo con prestaciones, los trabajadores en activo están cuidando sus puestos de trabajo, es verdad que esto reduce la rotación laboral voluntaria, lo que a su vez cierra las puertas a los recién egresados que buscan su primera oportunidad; por lo mismo, al haber más personas buscando trabajo y menos vacantes disponibles las leyes de mercado juegan en contra del que está buscando empleo:
1. Las empresas están reduciendo los rangos salariales ofertados para nuevos empleos,
sabiendo que hay talento disponible y que puede estar dispuesto aceptar ingresos menores,
con tal de mantener la seguridad del IMSS.
2. Previsiblemente, crecerá la contratación formal por proyectos determinados, esquemas de Outsourcing especializado y permitido por la ley, o también ciertos periodos de prueba, más estrictos, disminuyendo así los contratos por tiempo indeterminado.
Hay algunas regiones y sectores donde el impacto laboral será de manera diferenciada. Por ejemplo, el sector de la construcción está sufriendo y sufrirá la mayor pérdida de empleo formal, debido a los frenos en la obra pública y cierta cautela en el desarrollo inmobiliario privado. Este mismo fenómeno pasa con el comercio tradicional y con los servicios corporativos que tendrán que reducir o estarán reduciendo personal. Las manufacturas de exportación en los estados del norte y del Bajío mantendrán contrataciones estables, aunque a un ritmo más lento, gracias a que sus ingresos dependen del consumo en Estados Unidos y no del mercado interno mexicano.
El empleo formal es una válvula de escape y es de un alto riesgo. Si esta válvula se cierra porque la población busca alternativas para subsistir, la tasa de informalidad laboral que históricamente en México ronda el 54% tenderá a subir a niveles de 56 o 57% y esto implica que profesionales y técnicos estarán operando sin acceso a los servicios de salud institucional, también sin esquemas de ahorro para el retiro y sin la posibilidad de acceder a créditos de vivienda.
Estas son algunas de las consecuencias irreversibles que hacen un alto daño a la economía del país, y que, por desgracia, el gobierno mexicano se empeña en mantenerse con mentiras que le permitan ocultar estas realidades.
Hay estados que operan como una extensión operativa de la economía de los Estados Unidos y sus ingresos dependen del consumo en Estados Unidos y no del mercado interno mexicano lo que la blinda del freno doméstico, por ejemplo, Baja California se consolida como líder nacional en generación de empleo formal, sumando 76,000 nuevas plazas por eso ciudades como Tijuana o Mexicali sostienen un fuerte dinamismo en manufactura avanzada, dispositivos médicos y servicios de salud. En contraste Nuevo León concentra el 15% de todos los nuevos empleos creados en el país prácticamente uno de cada seis puestos formales y aunque las inversiones gigantescas para nuevas plantas están pendientes, las empresas ya establecidas se están expandiendo y reinvirtiendo
con fuerza, estados como Sonora y Chihuahua mantienen tasas de desempleo bajas y flujos constantes de contratación en los sectores aeroespacial, automotriz y de componentes electrónicos.
En contraste la región del Bajío se está convirtiendo en una especie de motor de la transformación, desde luego contar con una infraestructura logística y cadenas de valor perfectamente integradas, ayuda a esta afirmación de motor de la transformación. Por ejemplo, Guanajuato mantiene y registra crecimiento sostenido, aportando más de 16,000 nuevos puestos de trabajo formal, vinculado al sector automotriz e Industrial; Querétaro y San Luis Potosí, registran ganancias y en materia de empleo son destinos favoritos para los corporativos de centros de datos.
La proveeduría de autopartes entre otros, Jalisco es la entidad con mayor crecimiento exportador del país con un repunte superior al 60% en el valor de sus envíos al extranjero y la capital del país. Está resistiendo a la desaceleración económica gracias a su naturaleza orientada al sector servicios de alto valor, servicios financieros y desde luego el alojamiento de grandes corporativos en México.
En contraste, la desaceleración está impactando de manera aguda a las regiones que dependen de la obra pública y que prácticamente se ha reducido a cero. Campeche registra la caída más severa del país en empleo formal con un retroceso de -9.3%, Sinaloa y Guerrero reportan las pérdidas de puestos de trabajo formal del -5.4 y -3.1 respectivamente causado por la debilidad en el sector agrícola comercial y los servicios turísticos tradicionales.
Pero la presidente de México se empeña en decirle a los mexicanos que vamos bien en nuestra economía. Hay una franca diferencia entre el optimismo y decir mentiras. ¡No vamos bien!
Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda M.

