Bienvenido el Año Nuevo 2026

FELIZ AÑO NUEVO 2026

 

Bienvenido el Año Nuevo

con sus oportunidades,

sus retos, sus bendiciones

y mejores perspectivas.

Ninguno de los deseos

trae prenda de garantía;

su único instructivo indica:

voluntad, esfuerzo y empeño.

Nada va a caer del cielo,

sólo por generosidad divina,

requiere de decisión

y de acciones personales

que te sostengan en la ruta.

El éxito o la derrota

no dependen del destino:

es decisión personal: 

mantener el ritmo y el derrotero.

 

Feliz Año Nuevo 2026.

AGP

 

//MENSAJE DOMINICAL:// Que todos lo reconozcan y lo adoren

*Fiesta de la epifanía

Pbro. Carlos Sandoval Rangel

Seguimos aprendiendo desde la imagen del pesebre. Entramos en la realidad de este misterio con la ayuda del mismo niño envuelto en pañales y recostado en el pesebre, nos ayudan a comprender María y José, pero ahora, también, los magos. “Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo” (Mt. 2, 1-12). La presencia de los magos que, después de pasar por Jerusalén y de interrogar a Herodes, llegaron al pesebre, se vuelve muy significativa.

San Mateo usa la expresión “unos magos de oriente” sin precisar el lugar exacto de donde provenían, lo que, para muchos, indica la intención de privilegiar el sentido de la universalidad. Ya después la tradición les ha puesto nombres y colores de piel subrayando lo mismo. Partiendo de esto, nunca perdamos de vista que el proyecto de humanidad querido por Dios es universal. Muchos de los conflictos religiosos antiguos y actuales, se dan a partir de una visión localista y exclusivista de Dios. Para los judíos, la predilección que Dios quiso darles, la traducían como una exclusividad de Dios para ellos. Contra esto, el profeta Isaías da un primer paso para romper con esta visión: “Te inundará una multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá. Vendrán todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las maravillas de Dios” (Is. 60, 4-6). Es el anuncio de un Dios que hace resplandecer su luz más allá de los límites geográficos de un pueblo.

El Concilio Vaticano II retomó esta visión universal de la salvación, frente a la cual la Iglesia no puede perder su tarea fundamental: ser sacramento universal de salvación (L.G. 1). “La salvación, que realiza Dios y anuncia gozosamente la Iglesia, es para todos y Dios ha gestado un camino para unirse a cada uno de los seres humanos de todos los tiempos” (Francisco, E. G. 112). De acuerdo con el gran proyecto de amor del Padre, “esto implica ser fermento de Dios en medio de la humanidad” (E. G. 114). De ahí lo pobre que se vuelve la visión de la Iglesia cuando ésta se busca a sí misma, renunciando a ser fermento de Dios en bien de la humanidad y, todavía peor, cuando se convierte en aduana de las bondades divinas, en vez de servir con alegría.

Así, la Iglesia, fiel a lo revelado en la fiesta de la Epifanía, ante este mundo tan controvertido y fragmentado, está llamada a una actitud de diálogo a todos los niveles y con todos los hombres, con creyentes y no creyentes, con los diversos organismos y grupos que buscan el bien de la humanidad. Sólo así se puede compartir, en cada espacio, la savia del Evangelio. Dios no se puede encerrar en un pueblo, en un territorio, en una cultura o en una raza. Dios mismo se gloría en las diversas expresiones culturales e, inclusive, las expresiones personales con que se vive la fe.

 Además de la universalidad, los magos nos hacen ver que la presencia de Dios se da también en las expresiones más simples y cotidianas. Ellos encontraron la grandeza de Dios vivo y glorioso en la pobreza de un niño envuelto en pañales y recostado en el pesebre. Buscaban la verdad en el estudio de las estrellas, pero aquel niño les permitiría dar un sentido nuevo y definitivo a sus vidas.

La sencillez de los magos les permitió descubrir la verdad de Dios tal cual Él es, evitando así dar a la fe un tono individualista y subjetivo. Su humildad les permitió conocer y adorar al verdadero Dios, como Él mismo quiso manifestarse en aquel pequeño niño envuelto en pañales.

Contrario a la enseñanza de los magos, cuando un corazón está lleno de sí mismo nunca entenderá la Verdad más alta y noble como se revela en el pesebre. Tenemos el caso de Herodes y con las autoridades religiosas de Jerusalén, a quienes la soberbia, el miedo y las inseguridades les marginó del bien supremo.

Herodes y todo Jerusalén con él buscarían al niño para matarlo, porque así es el mundo ciego, el mundo que, desde la ignorancia, la soberbia, la ceguera del poder y las falsas seguridades reacciona contra los principios de vida que nos ofrece Dios

¡Vamos también nosotros a adorar al niño! Pero no bajo un ritualismo vacío e idólatra, sino bajo un culto que celebra la presencia de Dios y que nos mueve para aprender a vivir.




//OPINIÓN:// El equipaje de los Reyes

Por Velia María Áurea Hontoria Álvarez

De pequeña, los Reyes no llegaban sólo con juguetes; traían algo más profundo. Mi papá lo mencionaba, aunque entonces yo no alcanzara a descifrarlo: venían con oro, incienso y mirra. Esos regalos estaban ahí, agazapados entre los lazos brillantes y las réplicas de las cartas escritas con pluma fuente. Nadie me explicó su significado, y quizá por eso funcionaban: lo esencial no siempre entra por la razón, sino por el rito, por la magia que obliga a detenerse y mirar.

El oro estaba ahí para recordarnos que la vida se construye con oficio, con decisiones que pesan y sostienen. No se improvisa, no se hereda por decreto, no cae del cielo. Se gana. Con el oro se edifica, y solo llega a quien acepta el costo de la constancia. El incienso subía lento, casi invisible, como esa necesidad humana de elevar la mirada cuando lo inmediato ya no alcanza. Y la mirra… la mirra siempre llegaba, aunque incomodara. Para recordarnos que el cuerpo duele, que no todo se elige y que hay heridas que no embellecen, que no mereces pero sí ordenan.

Por eso la mesa se disponía con rigor: el mantel impecable, las tazas más hermosas y ese chocolate espeso que perfumaba la casa, compañero fiel de la rosca tibia que solo mamá sabía hacer así. No era solo un recibimiento: era un entrenamiento silencioso. Comer, compartir, esperar. Aprender sin discursos que la vida es un equilibrio frágil entre lo que hacemos, lo que creemos y lo que somos capaces de soportar. Cuando una de esas patas se rompe, no se cae la mesa: se tambalea el mundo.

Por esa mística familiar nunca he dudado de que los Reyes existen. Existen porque siguen llegando, aunque ya no envueltos en papel de seda. Hoy aparecen como una conversación incómoda, una verdad que no pedimos escuchar o una decisión que exige carácter. Llegan cuando la realidad deja de ser complaciente. Los Reyes son también esa voz que obliga a pensar con altura en tiempos donde pensar cansa, investigar incomoda y dudar parece traición. Ejercer el pensamiento crítico no es un lujo: es una responsabilidad. Y evadirla también es una forma de elegir, aunque muchos prefieran llamarla prudencia.

A menudo no traen lo que pedimos. Traen lo que falta. Claridad cuando vivimos confundidos, carácter cuando nos acomodamos, humildad cuando creemos tener razón. La ilusión, cuando es honesta, no es ingenuidad: es energía dirigida. Lo ingenuo es esperar resultados distintos repitiendo los mismos gestos cómodos.

Comienza un año incierto. El teléfono se desborda de abrazos congelados en pantalla, pero el asfalto del día a día lo pisaremos solos. El destino no se hereda ni se delega: se construye o se abandona. Por eso, esta noche de Reyes, antes de pedir, guarda silencio. Rasga hondo. Distingue entre lo que anhelas y lo que solo repites por costumbre. Al escribir tu carta, hazlo con la honestidad de quien sabe que la vida es un intercambio: pide solo aquello que estés dispuesto a cuidar, a trabajar y a sostener. Y no pidas nada que no estés dispuesto a dar.

La noche de Reyes está cerca y con ella la pregunta que marcará tu 2026, el año diez.

No es qué vas a recibir. Es ¿qué excusa vas a dejar caer?

¿De verdad sabes qué vas a hacer con lo que llegue… o volverás a hacerte el sorprendido?…

*Dedicado a mi entrañable princesa, Angélica.

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