DIGNIDAD Y DERECHOS HUMANOS DE LOS MIGRANTES

DIGNIDAD Y DERECHOS HUMANOS DE LOS MIGRANTES

Por Juan Miguel Ramírez Sánchez

El Bajío, concretamente el estado de Guanajuato siempre ha sido una región de migración, desde la Segunda Guerra Mundial los trabajadores de la zona han migrado hacia Estados Unidos, unos porque representa el sueño americano, otros por las oportunidades de trabajo, otros por seguridad, muchos más por tener mejores ingresos y con ello mejorar su condición de vida tanto personal como familiar. Durante la última década, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Guanajuato recibió 557 mil inmigrantes llegados de diferentes estados, mientras que 647 mil se desplazaron de la entidad.

Los migrantes centroamericanos, antillanos y africanos, buscan un mejor nivel de vida, buscan una oportunidad, desean salvaguardar su propia vida y la de sus familias, quieren seguridad y le dicen no a la violencia. Lo cierto es que nuestros paisanos migrantes y los migrantes que abandonan su país, no lo hacen por gusto, por ello se convierten en personas dignas de admiración, ya que ejercen su derecho a buscar una vida mejor. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos, señala que, de manera independiente de la situación jurídica de los migrantes, éstos cuentan con derechos dentro del territorio nacional.

En Celaya, Irapuato y León los migrantes pernoctan y se replantean hacia qué zona de la frontera norte deben seguir, ya que tienen la posibilidad de tomar la ruta del Pacífico, hacia Guadalajara, la del Golfo, hacia Torreón, Coahuila, y otro camino es el de Celaya, hacia San Luis Potosí pasando por Laredo y Reynosa, Tamaulipas.

Algunos ciudadanos auxilian al migrante en albergues y casas de migrantes de los municipios, por ejemplo en Celaya, hacen una actividad excepcional, brindando seguridad, atención médica, un espacio para descansar y satisfacer sus necesidades básicas como alimentos, ropa, agua caliente, pero sostener los albergues y las casas de migrantes es difícil, pues casi siempre hacen faltas recursos económicos, ya que como en muchos otras partes el municipio y el Estado no contempla en el presupuesto apoyo a estas actividades de migrantes y si lo hacen el apoyo es insignificante.

El estado no ha garantizado condiciones mínimas dignas; se carece de oportunidades laborales, de vivienda adecuada, de extorsiones, de maltrato, de expresiones de racismo, de nulos permisos de trabajo y de inseguridad. No hemos generado empatía ni las políticas necesarias para que la gestión migratoria sea entendida y atendida en su origen, trayecto y destino. Y no es con discursos como lo vamos a hacer, sino con acciones concretas por parte de los diferentes niveles de gobierno.

Además, la inseguridad en que vive Celaya afecta a un más a las personas migrantes. La delincuencia comete un sinfín de delitos a los migrantes, entre otros el robo, la extorción, el secuestro, detenciones arbitrarias, a veces los migrantes son reclutados para la realización de actividades ilícitas. No se puede entender la acción del crimen organizado respecto a los delitos de los que son víctimas las personas migrantes, sin la complicidad de las autoridades.

Se requiere por parte de los municipios información y sensibilización a la sociedad de lo que representa la migración, destacando que son personas con dignidad, mujeres, hombres, adolescentes, niñas, niños y familias que buscan una nueva oportunidad de vida. Debemos garantizar las condiciones de seguridad y tránsito, en apego irrestricto a los derechos humanos. Seamos humanitarios y brindemos a nuestros hermanos centroamericanos el trato que desearíamos para nuestros compatriotas en los Estados Unidos.

Estamos en contra de la discriminación de las personas migrantes, de su pérdida de derechos humanos, por eso debemos apoyar el objetivo 10.7 de la agenda 2030 que señala que los Estados asumen el compromiso de “Facilitar la migración y la movilidad ordenada, segura, regular, y responsable de las personas, incluso mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas”. Hagamos que no sea ésta otra gran frase más.

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