J. Gerardo Mosqueda M.
Cientos de miles de mujeres salieron a las calles en las principales ciudades del país teniendo a la Ciudad de México como el epicentro de las movilizaciones.
La exigencia principal sigue siendo el alto a los Feminicidios en México, a partir de enero del 2026 las cifras son alarmantes; 51 casos, solamente en el mes de enero, sólo los registros Del Estado y sin contar los casos que siguen sin declararse, también cobra fuerza las protestas contra la exclusión laboral y la brecha salarial. Es probable que cerca de 19 millones de mujeres mexicanas permanecen en situaciones de exclusión o precarización.
Aparentemente hay un Saldo blanco, yo espero que así sea y nadie tenga que contar un incidente fatal en medio de una crisis y una reacción violenta contra la violencia, no era necesario, nunca lo ha sido, los actos icono en monumentos, en iglesias, en edificios, expresiones de vandalismo, especialmente del llamado y conocido bloque negro, a pesar del uso de vallas metálicas reforzadas, que siguen siendo puntos de confrontación.
Son graves las cifras, se han venido acumulando por años y las respuestas de las autoridades respectivas siempre son insuficientes, dos estados del país representan lo más destacado en las reacciones de las manifestaciones. Las marchas de Toluca y Ecatepec han sido especialmente combativas, los colectivos de madres buscadoras encabezaron, los contingentes denunciando a las fiscalías locales, que además del problema que ellas viven, les revictimizan a las familias, una cantidad importante de daños a los edificios y monumentos de las ciudades, sobre todo alrededor de la fiscalía General de justicia del Estado de México, y tiene que ver con el rezago en las carpetas de investigación.
El otro estado marcado por la violencia del crimen, organizado, donde se han dado casos en que las mujeres quedan atrapadas en medio del fuego cruzado, y donde se mantienen cifras muy altas de homicidios, dolosos de mujeres y una autoridad que se resiste a clasificar como Feminicidio, estos acontecimientos; en Guanajuato y en particular, en León y Celaya…también hubo una tensión constante y que ha habido detenciones tras la dispersión de las marchas.
La violencia ha cambiado de forma cada vez está más ligada al crimen organizado, pero la impunidad sistémica que sigue siendo superior al 95%. En la mayoría de los estados sigue siendo un motor de rabia en las calles.
Los sentimientos de inseguridad y la violencia letal siguen siendo un factor que motiva las expresiones en las calles del país, los sub registros que tanto las fiscalías como las secretarías de seguridad de las entidades, como la federal sólo son una muestra menor de los intentos del gobierno de la República y de la fiscalía general, por ocultar las cifras reales y no precisamente por trabajar en la instrumentación de nuevas y más eficaces estrategias para contrarrestar el daño que le hacían la nación, la impunidad y la vinculación de los criminales con las autoridades.
Impunidad sistémica, que en la calidad de delitos de género se estima cerca del 95% y que se manifiesta con cifras confusas para tratar de comunicar que los índices han disminuido que las cifras son menores, como si se tratara de decirle a los mexicanos afectados que la realidad que viven no es la realidad, es su interpretación solamente…
Algunas organizaciones como amnistía internacional siguen manteniendo la posición en documentos donde se expresa que la respuesta de las autoridades ante las protestas femeninas sigue marcada por el uso excesivo de la fuerza y la protesta como violenta para intentar deslegitimar las demandas.
Mientras las autoridades gubernamentales presentan datos de reducción en los niveles de criminalidad, las familias y los colectivos enfrentan una realidad donde siete mujeres son asesinadas y 34 desaparecen cada día en México; datos promedio de 2025.
La discusión no se puede centrar en quién tiene la razón, o qué factores hacen más relevante una conducta como la que las manifestantes han dejado claro. En algunas ciudades, la realidad es exponencialmente más dramática porque está acompañada de la indolencia de las autoridades de todos los órdenes de gobierno y sigue sin plantearse con seriedad profesional las estrategias que el país necesita para preservar la vida de las mujeres de todas las edades y condiciones sociales del país, es decir, si no se reducen los índices de criminalidad el país camina rumbo a un escenario de colapso porque las consecuencias de las crisis de violencia e inseguridad que vive el país se han ido multiplicando y generan después de esto, un daño exponencial, porque no sólo se afecta a las víctimas directas de los actos de violencia que las autoridades omiten. Además de esto generan un clima de incertidumbre, de desconfianza, de crisis.
No hay políticas públicas tangibles y será un reto sacar de los miedos que tiene la presidenta de México que prefiere protegerse en medio de militares y hacer una especie de condecoración a las mujeres de la milicia en nuestro país, antes que reconocer a madres buscadoras, por poner un ejemplo.
Es verdad que confluyeron otras muchas motivaciones que tienen que ver con la justicia frente al feminicidio, en especial la denuncia contra la impunidad en los casos de violencia machista y la exigencia de presentar con vida a mujeres desaparecidas, también los derechos reproductivos, las brechas laborales y la precariedad económica.
Las marchas generan conciencia y visibilidad masiva, la brecha entre la legislación y la seguridad real en las calles para las mujeres sigue siendo el gran pendiente de los gobiernos.
Han logrado la creación de un activismo jurídico que hoy da nombre a leyes fundamentales: leyes con nombre de mujer como la ley Olimpia, ley Ingrid, ley Melena que nacieron directamente de las presiones en las marchas para sancionar delitos que antes no se veían.
No dejará de ser importante las reacciones de las mujeres que no simpatizan con las manifestaciones violentas y de vandalismo. Son, en efecto, expresiones de diversidad y reflejan la pluralidad que hay en nuestro país, por lo que hay mujeres que distinguen entre la protesta legítima y actos destructivos sin un fin claro, grupos de mujeres que sostienen que el daño a monumentos y edificios históricos afecta el acervo cultural que también afecta a las mujeres.
No tiene ninguna justificación la destrucción de edificios, es vandalismo, aunque los colectivos quieran llamarles iconoclasia (intervención con fines políticos).
Las mujeres que se identifican con feminismos reformistas y que abogan por cambios graduales, mediante leyes, educación y políticas públicas porque la violencia en las marchas desvirtúa el mensaje central.
Los colectivos radicales argumentan sus pintas y la destrucción de edificios como “daños sin odio” al objeto (sic), sino la destrucción de un símbolo del estado que las ignora… lamentablemente la noticia es el vandalismo y en la vida real las manifestaciones solo llaman la atención por el vandalismo, las mujeres que creen en las reglas del juego democrático creen que los cambios ocurren en las leyes que obliguen al estado a actuar… de qué sirve quemar las puertas.
Los métodos violentos solo refuerzan la cultura de la fuerza que el feminismo intenta erradicar.
¿Qué es lo que quedó de la manifestación de ayer? Vandalismo, edificios dañados, vidrios rotos y el rechazo de las mujeres que no tienen por qué simpatizar con la violencia. A diferencia de los bloques negros, que normalmente suelen ser patrocinados por quienes aprovechas los juegos de presiones, las madres buscadoras representan el punto de unión más fuerte del feminismo actual, pues logran que incluso las personas más críticas de la violencia empaticen con sus causas. Ellas encarnan el feminismo de los hechos que trasciende las ideologías.
Los contingentes de madres buscadoras fueron las más protegidas por las vallas humanas de otras mujeres.
Hasta la próxima en Prospectiva
J. Gerardo Mosqueda M.

