PROSPECTIVA: El bloque negro es igual al bloque guinda

J. Gerardo Mosqueda M.

El contundente impacto en la opinión pública de los mexicanos, derivado del crimen artero contra el presidente municipal de Uruapan, Michoacán, el señor Carlos Manso, y la convocatoria a una manifestación en el Zócalo de la Ciudad de México, así como más de 50 ciudades del país, se han convertido en un precedente, desde cuya perspectiva es inevitable dejar de analizar los mensajes y sus contenidos políticos de la presidente de México y de quienes hoy ocupan posiciones de liderazgo y de opinión pública en la política mexicana.
La generación Z resultó ser un concepto de una evolución vertiginosa, porque en unos cuantos días pasó de ser una generación descalificada de antemano, a convertirse en la autora material e intelectual de una manifestación que no tuvo discursos, que no transmitió mensajes grabados, que no requirió convenios, arreglos políticos, negociaciones políticas… patrocinios y padrinos políticos; en unos cuantos días dejó de ser un robot para convertirse en el autor, material, intelectual y financiero, de la manifestación del 15 de noviembre.
Es, de verdad, sorprendente, hasta el secretario de educación, estando de gira por Chiapas, acompañando a la presidente de México, se animó a decir que había más jóvenes en el evento de la gira presidencial, que, en el Zócalo, y como hubo quien los contó, en el mitin de la presidente había 60 jóvenes.
Al final un grupo de jóvenes conocedores del alcance que tiene su presencia en las redes sociales, hicieron posible un cambio radical en la estrategia de desprestigio que habilitó el oficialismo y puso en práctica, desde la oficina de propaganda mañanera que despacha en palacio nacional, las estructuras y posiciones de poder político de los miembros del oficialismo.
Por qué el gobierno mexicano llegó a la conclusión de qué era necesario levantar una muralla de metal con el argumento de proteger el palacio nacional y preparar a los granaderos, que era una estructura de represión, que el oficialismo se cansó de decir que había desaparecido, y todo un ejercicio de ingeniería social que permitiera la presencia de los grupos anarco-comunistas, como ellos asimismo se definen y que mejor se identifican como el bloque negro.
El bloque negro parece no ser un grupo u organización formal con miembros identificables, es particularmente una táctica de protesta utilizada por manifestantes asociados con movimientos anarquistas, se integran en un formato anónimo y actúan dentro de manifestaciones más grandes, generando escenarios, que, por el control de masas o descontrol, ensayan cómo hacer que la resultante de esa manifestación puede ser aprovechada por quienes eventualmente se consideran afectados.
Tienen algunas características para mantener el anonimato: visten ropa completamente negra, usan pasamontañas, bufandas, gafas de sol, cascos con lo que logran ocultar sus rostros y dificulta su identificación por parte de autoridades y de cámaras de seguridad.
Es una táctica, el bloque negro se puede formar y disolver dentro de las marchas y de las protestas y suele estar integrado por individuos con distintas motivaciones, pero con una acción coordinada. Una constante a describir de los participantes del bloque negro es que están asociados con ideologías de izquierda radical, anarco-comunistas, socialismo libertario o feminismo radical.
Y sus acciones van desde pintas y destrucción de mobiliario urbano, daño de negocios y en ocasiones agresiones a los policías o estructuras de personal uniformado, utilizando objetos como martillos, resorteras, bombas molotov, piedras y en el caso de la manifestación del día 15, cortadoras eléctricas, esmeriles, barrenas. Para el dominio público, para el común de los mexicanos, no existe una lista de integrantes del bloque negro, pero una cantidad importante de comentarios y editoriales coinciden en que los perfiles son identificados entre los movimientos y grupos que se reúnen en el auditorio Justo Sierra de la facultad de filosofía y letras de la UNAM y otros comentarios también se atribuyen a servidores públicos que se desempeñan en el ISSSTE; sin embargo, hasta hoy no se han dado a conocer evidencias, concluyentes que den razón de cómo es su financiamiento, o en qué consiste la motivación económica que los lleva a ser acto de presencia en las manifestaciones públicas.
Por el momento sigue en el anonimato, la información relativa a las fuentes de financiamiento y todas las acusaciones que provienen de diferentes grupos políticos, pues hacen la maniobra de complemento de esta ingeniería social, desde el oficialismo, el mensaje es muy claro, un joven creador de contenidos que tiene contratos para trabajo institucional con el partido acción nacional, los grupos opositores al oficialismo y en concreto figuras como el empresario, Ricardo Salinas y desde luego, la culpable de todos los males de la Ciudad de México y alcaldesa de la delegación Cuauhtémoc.
Sin investigar sin que se abran las carpetas de investigación, sin que se haya al menos levantado un proceso contra uno solo de los integrantes del bloque negro, 29 personas de las decenas que fueron golpeadas dentro de la manifestación en el Zócalo capitalino son ahora los responsables de los desmanes que produjeron las acciones del bloque negro, algunos de ellos, inclusive acusados de homicidio en grado de tentativa.
El hecho contundente que complementa esta interpretación es que existe una negativa explícita de las autoridades gubernamentales a investigar y desde luego prefieren resistir los cuestionamientos de los periodistas y columnistas de este país, que son quienes se han animado a cuestionar: ¿por qué el gobierno no investiga a los grupos violentos, porque el gobierno no abre una carpeta de investigación contra el bloque negro?
Entre la información que se puede obtener a través de plataformas, existen referencias muy claras y documentadas de qué los grupos que ocupan el auditorio Justo Sierra o mejor conocido entre ellos como el auditorio che Guevara de la facultad de filosofía y letras de la UNAM forman parte de la táctica del bloque negro y muchos expertos en la información de seguridad han señalado, que ese auditorio ha funcionado históricamente como un punto de reunión, de coordinación y de Refugio para colectivos, anarquistas y otros grupos radicales que suelen participar y ser actores principales en protestas y disturbios en la ciudad de México.
Hay columnistas que afirman que existen investigaciones de Inteligencia de la Secretaría de la defensa nacional, y también de la fiscalía general de justicia de la Ciudad de México, que tienen identificados a las personas que lideran estos grupos y sus vínculos con las actividades del auditorio Che Guevara, aunque la naturaleza anónima y cambiante de la táctica, pues es un buen ensayo, dificulta la identificación de sus participantes.
El anonimato y la seguridad con la cual ejecuta sus maniobras va a permanecer, en la medida que el gobierno en turno no tenga interés en comunicar lo que sabe acerca de estos grupos. Si estos grupos anarco-comunistas buscan la acción directa contra símbolos del poder, del capitalismo, de las corporaciones y de las propiedades para gubernamentales, mediante pintas o daños, materiales o enfrentamientos con personal de seguridad, consideran que estas acciones se vuelven necesarias ante la ineficacia de las protestas pacíficas tradicionales.
Lo sucedido en la manifestación del 15 de noviembre, no tiene diferencia sustantiva con lo que ha pasado con otras manifestaciones, excepto por un hecho que es el más lamentable, que es desde donde se ha desprendido la versión del oficialismo, y con el que quieren demostrar una fuerza que someta que obligue a la autocensura, y que definitivamente impida a la población, ante la eventualidad de convocatorias, nuevas manifestaciones, como la del 15 de noviembre.
Los objetivos de la presencia del bloque negro se ven fortalecidos ante la explícita negativa de la presidente de México, para hablar de la participación de estos activistas y mantenerse en la postura de una condena a la violencia, pero por primera vez la actuación del personal uniformado, de los granaderos que durante siete años, el oficialismo ha dicho que ya no existen, pues resulta que sí, y que por un lado el bloque negro provoca la crisis en la manifestación y el complemento de esa provocación, es la acción de los granaderos contra los ciudadanos convocados por la generación Z, que fueron a ejercer su derecho de expresión y que han sido reprimidos de manera violenta en un despliegue policiaco.
Dicho de otro modo, el bloque negro recibe instrucciones de provocar desmanes en la manifestación y provoca confrontaciones críticas contra el personal de los granaderos, pero los granaderos responden con violencia, con daño físico, con agresión brutal contra los manifestantes que se presentaron de manera pacífica, sin acarreos, sin violencia, sin agresión alguna; pero sin lugar a dudas con el hartazgo al tope, por el deterioro de las condiciones de seguridad del país, y por qué las víctimas han padecido la presencia de las organizaciones de delincuentes en todas los rincones de la nación.
La presidente aborda el tema, pero lo enmarca dentro de una retórica política que minimiza la autonomía de estos grupos y los vincula con sus adversarios, lo que podría dar la impresión de que no se habla del problema de fondo de la violencia urbana y de su control; por el contrario, la versión oficialista parece ser el colofón de la estrategia.
El bloque negro se encarga de hacer la provocación que genere violencia, la instrucción a los granaderos consiste en reprimir a los manifestantes; no al bloque negro y luego el discurso cierra el proceso denunciando la violencia que provoca la participación de los ciudadanos. Como si los ciudadanos fueran el bloque negro.
De ser así estamos ante la perversidad autocrática de tribus desquiciadas por el poder, y dispuestos a que la realidad se ajuste a su opinión. Como en los viejos tiempos del viejo sistema de la vieja ideología, del viejo PRI.
Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda M.

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