PROSPECTIVA: Hartazgo y frustración…

J. Gerardo Mosqueda M.

Los jóvenes de la generación Z que participaron en la marcha, tanto como los que participaron con sus expresiones en las redes sociales, comunican la legitimidad de sus demandas, independientemente de la versión instruida desde el oficialismo para poner en competencia, dos narrativas, dos visiones, dos puntos de vista.
Lo que ha sucedido, este sábado tiene una trascendencia incuestionable, no es solamente la marcha en el zócalo capitalino, son decenas de marchas en distintas ciudades de todo el país, en donde coinciden puntos clave que representan un escenario de altísimo riesgo para las tribus en el poder, y en particular, para quienes instrumentan el posicionamiento del gobierno mexicano, después de evidenciar su incompetencia, insensibilidad y falta de visión.
Desde hace dos semanas y desde la mañanera, empleándose a fondo en la construcción de una versión narrativa que agrede al sentido común, pero que es gestionada para posicionar la versión del gobierno en los medios internacionales que no tanto en los medios nacionales, salvo los que de antemano responden a las instrucciones del gobierno mexicano para decir: que no fueron los jóvenes a la marcha, y los que fueron. eran muy pocos.
En el caso del Zócalo, en donde el blindaje del muro metálico agrede a todos los mexicanos, pero es el modo como decidieron los estrategas del gobierno, dar respuesta a la inquietud, que provocó el mismo discurso gubernamental advirtiendo en la opinión pública de una acción agresiva, violenta, de parte de los jóvenes… lo que cada uno quiera entender. (los operadores de gobierno en la manifestación lanzaban las bombas de gas lacrimógeno desde atrás del muro metálico al igual que los trozos de concreto).
En realidad no hace falta ver más versiones, con la imágenes que se tomaron espontáneamente y que han subido a las redes se ven personas con el rostro cubierto provocando a los uniformados y estos a su vez respondiendo con agresiones a los cubiertos de la cara… no eran jóvenes de la generación Z… pero todo conduce a la hipótesis de una acción preparada para justificar las pedradas, los gases lacrimógenos y las agresiones para luego desde los medios afines al oficialismo sostener la versión del propio gobierno.. por la cual decidieron “proteger” el Palacio…
También la narrativa gubernamental construyó un argumento para las redes sociales qué hace suponer una conspiración internacional, con una inversión millonaria que todavía no saben de dónde salió, pero que seguramente tiene que ver con la derecha internacional, y que, por tanto, según la versión del oficialismo, no es esta una manifestación de los jóvenes; es de los adversarios al gobierno.
Parecía que los mexicanos nos habíamos liberado ya del pensamiento fantasioso del expresidente, pero no es así; volvieron esos argumentos y ahora tenemos un gobierno que dice investigar a los ciudadanos y que afirma categóricamente que nada de lo que ha sucedido en la realidad es igual a la realidad. (sic)
“La otra realidad” que describen los jóvenes mexicanos, tiene que ver en efecto, con el hartazgo y la frustración ante la inseguridad, ante la corrupción, ante la falta de oportunidades reales y genuinas para su desarrollo independientemente de quién haya convocado o intentado capitalizar la movilización de decenas de miles de mexicanos que salieron a las calles en decenas de ciudades del país a compartir su solidaridad con la generación Z, pero también expresar su propio hartazgo.
El crimen de Uruapan, el asesinato del presidente municipal Carlos Manzo, la continuidad en el movimiento independiente, ahora lidereada por la presidenta municipal Grecia Quiroz, ha sido el canal por donde se ha expresado una demanda de jóvenes mexicanos, pero también el resto de ciudadanos de nuestro país que creen en la legitimidad de sus demandas y que insisten en que los motivos para salir a manifestarse, siguen siendo una forma de exigencia de seguridad, de un alto a la violencia, de justicia y de contar con un país vivible y esta legitimidad está validada, desgraciadamente por la cantidad de experiencias personales y colectivas de vivir en un país con problemas sistémicos, con un gobierno insensible e incompetente, y ahora agregaría: que hacer lo posible por mentir y por lo tanto subestimar y quizá despreciar la legitimidad de las demandas de los jóvenes y del resto de la sociedad mexicana.
A muchos de los participantes no les interesa quién está detrás de la organización de las marchas, o si hay intereses políticos de por medio, porque la problemática de fondo es lo suficientemente grave para dar razón de su presencia en las calles del país.
Los jóvenes expresan un sentimiento de inconformidad general, con las clases políticas y los problemas de impunidad que han normalizado la corrupción en el país, y por tanto expresan que quieren un cambio real en México, emplean sus propios símbolos y lenguajes de su generación, y desde luego, el uso de las redes sociales, en donde son, por decir lo menos, expertos, como una forma del activismo y de la coordinación, lo que refleja su identidad y su forma de movilización, que por cierto, da la impresión que los expertos de la oficialismo no han logrado entender.
Que los jóvenes participantes se perciban así mismos, como actores con preocupaciones legítimas, que buscan un futuro mejor y que utilizan sus propias herramientas y sus propios lenguajes para expresarlo, más allá de las narrativas políticas que intentan encuadrar su movimiento y que, por lo que se ve, tiene especialmente nerviosos a los estrategas del gobierno que lo único que han atinado a comunicar, es que no saben qué hacer…
La presidente de México y sus corifeos se refieren sólo a la movilización de la ciudad de México, pero en realidad, es una marcha nacional convocada por la autodenominada generación Z, pero también lo podríamos identificar como el movimiento del sombrero o México se levanta. Es un evento coordinado a nivel nacional que se realizó en forma simultánea en más de 50 ciudades del país, además de la marcha de la Ciudad de México.
El futuro es incierto, pero potencialmente transformador con varias trayectorias, que dependerán fundamentalmente de la respuesta gubernamental, y, por supuesto, de la capacidad de mantener la cohesión y la claridad de las demandas.
Una posibilidad es que el movimiento sea absorbido o coartado por los partidos políticos, incluyendo los del oficialismo, para muchos mexicanos, es interesante, que figuras de la oposición o influencers se hayan adherido a la etiqueta de la generación Z, corre el riesgo de perder su carácter, genuino y espontáneo, si disminuye la polarización política tradicional y la frustración, principalmente de los jóvenes, podrá tardar mucho más tiempo en resolverse.
También es probable que el movimiento se mantenga como una fuerza social independiente, se requiere organizarse más allá de las redes sociales y las marchas puntuales y estar en la capacidad de desarrollar una estructura y un contenido de demandas, como un factor de presión constante sobre el gobierno, Abriría un mayor espacio de participación política de la generación Z en el futuro, incluyendo presentarse con candidatos propios.
También es opción que el movimiento se desvanezca gradualmente, debido a la falta de resultados concretos, también a la represión gubernamental o a la ausencia de líderes claros y en el uso de los símbolos culturales que podrían ayudar a consolidar una agenda política de largo plazo, haciendo que el movimiento se confunda.
En particular, creo que la generación Z se caracteriza por su pragmatismo y por su interés en resultados tangibles, por lo tanto, el movimiento podría orientarse hacia la exigencia de soluciones concretas a problemas como la inseguridad o la generación de empleo, es decir, se requiere traducir la eficacia de las redes sociales en resultados políticos tangibles.

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda M.

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