PROSPECTIVA: No es sólo un efecto de delincuencia organizada, es una amenaza de seguridad nacional.

J. Gerardo Mosqueda M.

Conocido por todos los mexicanos que apenas tuvieron oportunidad de ingresar a sus redes sociales, todos fuimos sorprendidos de narco bloqueos en una cantidad todavía no cuantificada de ciudades, principalmente en el centro y occidente de nuestro país, en definitiva, el conflicto entre las visiones que todavía sostiene las autoridades gubernamentales del país, y las que se tienen a partir de los daños que genera en la sociedad, el trabajo activo de organizaciones de delincuentes que cada día más se comportan como organizaciones terroristas y los discursos de las autoridades gubernamentales, ponen los temas de seguridad ciudadana en el más alto índice de incertidumbre.
Ya es insuficiente, mantenerse con los mensajes de la reuniones de coordinación en materia de seguridad, también es insuficiente decir que la fiscalía en turno dará las explicaciones respectivas, la realidad de nuestro país es que las autoridades han sido rebasadas hace mucho tiempo y la participación de las organizaciones criminales en las decisiones gubernamentales es cada vez más clara… cada vez hay más datos que hablan de los acuerdos de los grupos criminales, con las autoridades políticas, en municipios, en los gobiernos de los estados, en las estructuras de seguridad del país.
Uno de los mayores obstáculos para la efectividad gubernamental es la erosión institucional. Para el año 2026, se identifican riesgos críticos de infiltración del crimen organizado en las policías municipales, que están consideradas como un punto de quiebre que permite a los grupos delictivos controlar ciclos productivos locales, también existe una alerta constante sobre la posibilidad de qué personas vinculadas a carteles accedan a cargos de jueces o magistrados; la corrupción en los gobiernos facilita el lavado de recursos y también debilita la gobernabilidad.
Aunque se ha mantenido un discurso de crítica a los gobiernos anteriores y un mensaje insistente de no regresar a la guerra frontal, cómo si se quisiera evitar el uso de la fuerza con ese mensaje… con ese discurso no se obtienen resultados y las agencias norteamericanas de seguridad, presionan o dan resultados concretos y verificables y en este contexto está inscrito las presiones del gobierno norteamericano por obtener más claridad en los reportes del combate a la delincuencia, es decir, resultados concretos y verificables.
Por ahora no hay operativos conjuntos en el territorio mexicano, al menos no se ha dado a conocer y prevalece el criterio de restricciones legales, pero en realidad el intercambio de información es la base de la coordinación actual. Desde esa perspectiva las fronteras, ciudades como Tijuana o Mexicali son puntos especialmente delicados por el tráfico de fentanilo, drogas y otros precursores químicos.
Analistas de seguridad enfatizan que la narcoviolencia no se ha detenido, por el contrario, se ha sofisticado y que se proyecta un año de alta conflictividad, debido a la reconfiguración de los carteles y la disputa por nuevas rutas y mercados; hoy precisamente es un signo visible de esta afirmación desde la mañana de este domingo, ha circulado la información, boletines y notas de la muerte del líder del cartel Jalisco nueva generación, según parece en un boletín de las fuerzas armadas durante un operativo en la comunidad de Tapalpa Jalisco fue herido de muerte el líder de este cartel.
Esto ha desatado una crisis de inseguridad, derivado de la reacción orquestada de los grupos de operación de este cartel, en toda la ciudad en donde tienen presencia o son los controladores de la zona para su distribución y manejo de drogas, y desde luego el control de las estructuras de seguridad de esa ciudades y regiones del país.
Pero hay un ámbito en el que no queda claro aún, sí el conflicto ha escalado a una fase donde se vuelve representativo: la inteligencia financiera y la cooperación tecnológica como factores digitales… analizando la crisis de inseguridad que padece el país y las polarizaciones que se están dando en los grupos de poder en México y sus simbiosis.
Con las estructuras delictivas. El panorama para la seguridad ciudadana podría estar entrando a una fase de incertidumbre sistémica, cuando los grupos de poder sean políticos o económicos, entran en crisis o se fragmentan. Es muy probable que el crimen organizado este asumiendo funciones de gobierno de facto, hay regiones en el país donde los carteles ya no sólo trafican, también dictan precios de productos básicos, resuelven disputas vecinales y hasta cobran impuestos, es decir, extorsionan.
La seguridad deja de ser un derecho garantizado por el Estado para convertirse en una concesión del grupo criminal dominante, situación que en general aumenta la vulnerabilidad ante cambios en las cúpulas delictivas; es decir, la colusión entre autoridades y el narco crea áreas donde el estado de derecho es inexistente. La violencia en las entidades, especialmente en las que concentran la mayor parte de los homicidios, la lucha entre facciones que han perdido sus padrinos políticos, genera picos de violencia extrema.
Las infiltraciones en las policías locales, también está identificado como un riesgo crítico, si las estructuras de poder local se encuentran en crisis o ya están subordinadas a las organizaciones criminales, las policías no actúan contra el delito común, porque sus mandos ya no responden a los intereses de la ciudad… de los ciudadanos, sino a los intereses de las empresas criminales conjuntas, a partir de aquí, el ciudadano está indefenso, no sólo ante el gran operativo del narco, sino también ante la delincuencia común que opera bajo el amparo o la distracción de estas redes.
Es muy alto el riesgo y la probabilidad de que los ciudadanos queden en medio, es decir, atrapados en un fuego cruzado o sean víctimas de tácticas de terrorismo urbano, destinadas a presionar al gobierno a otros grupos rivales, desde una visión de la seguridad nacional, mientras la reforma al poder judicial y el fortalecimiento de la Guardia Nacional intenta dar una respuesta centralizada.
La seguridad ciudadana sigue en declive porque no se ha logrado una depuración a profundidad de los gobiernos municipales y los estatales, es decir, la crisis de los grupos de poder significa que las reglas del juego entre política y narco se están reescribiendo y en esa transición los ciudadanos son el eslabón más débil.
Lo que ha pasado este domingo es el evento de seguridad más disruptivo en los últimos 10 años, el abatimiento de un objetivo de alto valor, como lo es el líder del cartel Jalisco, nueva generación, disparó de inmediato protocolos de crisis, debido a las implicaciones directas en la seguridad ciudadana. Lo que se reportó es la respuesta táctica del cartel Jalisco, nueva generación ante la pérdida de liderazgo; el uso de narco bloqueos y la quema de vehículos en ciudades claves de centro y occidente, busca saturar la capacidad de respuesta de la Guardia Nacional y del ejército, algunas autoridades han activado alertas de máxima nivel, pidiéndole a la ciudadanía permanecer en sus hogares, en estados como Jalisco, Colima, Michoacán, Guanajuato, Nayarit, también hay una reacción ante la muerte del líder absoluto, se genera un vacío de poder que podría estar fracturando la estructura piramidal. También es posible que pudieran iniciar una purga interna para tomar el control, lo que elevará los homicidios y otros ataques.
Carteles contrarios o algunos grupos locales remanentes, podrían estar incursionando en territorios que antes eran impenetrables, y también puede ser que se conviertan las calles en campos de batalla, pero para los ciudadanos comunes, el riesgo tiene un incremento exponencial, debido a que se han reportado ataques a comercios, interrupción de servicios, cierres de carreteras federales, algunos aeropuertos en caos como el de Vallarta, y por lo tanto, la afectación de suministro de bienes lo más grave, la libertad de tránsito.
Esto es una prueba de fuego para el gobierno mexicano, aunque el operativo haya sido en Tapalpa Jalisco y haya sido un éxito táctico para el ejército, el costo social inmediato es muy alto. Ahora el reto es contener la metástasis de violencia que sigue a la caída del cabo principal.
En una crisis como la que se está viviendo, el narco puede capitalizar el terror digital para paralizar a la sociedad, puedes contribuir si no compartes audios de WhatsApp de fuentes anónimas o videos de ejecuciones y quemas que no están verificados. Su objetivo, insisto, es generar caos; es más recomendable seguir fuentes exclusivamente de las cuentas de protección civil, de la Secretaría de seguridad y de medios con reputación de verificación de datos, procurar no involucrarte con las publicaciones en redes sociales, en ubicaciones exactas de retenes, militares o movimientos de la autoridad. Le podrías estar haciendo un trabajo a los delincuentes.
Si no es estrictamente necesario que salgas, quédate en casa, el riesgo de quedarse atrapado en un fuego cruzado o ser despojado de tu vehículo es máximo durante las primeras 48 horas tras la caída de un líder de un cartel, si estás en la calle, y ves una columna de humo o personas armadas no intentes grabar, da la vuelta en u si es seguro o simplemente abandone el lugar y busca un Refugio, no realices compras de pánico. Esto saturan las vialidades y las unidades de emergencias necesitan estar libres.
Mantén grupos de mensajería solo con familiares directos o vecinos de confianza, donde tú puedas reportar que estás bien, establece un punto de reunión o un protocolo de comunicación, en caso de qué las redes de telefonía lleguen a saturarse o a fallar.
Cómo ciudadanos es bueno entender que la violencia que vemos hoy es una reacción de debilidad operativa ante un golpe al mando de su organización criminal. Esperamos que la calma vuelva, pero el mapa delincuencial cambiará después de los bloqueos. Es probable que venga una etapa de reacomodos silenciosos, la prioridad absoluta es la prevención de la vida, por lo tanto, en escenarios de alta volatilidad, no se debe intentar ser héroe, ni testigo.


Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda M.

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