Batallas sin fusil
Por Velia María Hontoria Álvarez Sus ojos ambarinos mantenían aún la dulzura de la niñez, quizá por eso temblaban candorosos al recordar tan ingrato momento. “Él tendría unos catorce años, yo, quizá unos cinco. Era cariñoso, amable. Como en un sueño, recuerdo que con manos diestras descalzo mis piernas, para decirme que jugaríamos al doctor; […]

