Dr. Emigdio Archundia
CEO de la Firma Internacional Archundia Consultores
Director de AGI México.
El precio internacional del petróleo vuelve a colocarse en niveles históricamente elevados. Con una mezcla mexicana cercana a los 110 dólares por barril, surge nuevamente el debate sobre si este escenario representa una ventaja real para la economía nacional o si, por el contrario, también genera efectos negativos que terminan afectando a millones de mexicanos.
Por un lado, un precio alto del petróleo significa mayores ingresos para el Estado mexicano. Históricamente, el petróleo ha sido una de las principales fuentes de financiamiento público, por lo que un aumento en su cotización fortalece las finanzas nacionales, incrementa la recaudación petrolera y permite al gobierno contar con mayores recursos para infraestructura, programas sociales, inversión pública y estabilidad presupuestal todo ello permitirá apuntalar el Plan México si se aprovecha.
Asimismo, Petróleos Mexicanos obtiene mayores ingresos por exportaciones, lo que en teoría podría ayudar a reducir presiones financieras y fortalecer la balanza comercial energética del país. Para entidades petroleras y regiones vinculadas al sector energético, este contexto también puede traducirse en generación de empleo e inversión amén de buscar la positivas de disminuir la deuda interna que arrastra Pemex por décadas.
Sin embargo, no todo son beneficios. El incremento en el precio del petróleo impacta directamente en el costo de combustibles, transporte y producción. Aunque en México existen estímulos fiscales para contener el precio de las gasolinas, mantener dichos subsidios implica un costo elevado para las finanzas públicas. En otras palabras, parte de los ingresos extraordinarios por petróleo terminan utilizándose para evitar aumentos mayores en combustibles.
Además, el petróleo caro suele generar presiones inflacionarias. El encarecimiento del diésel y la gasolina eleva costos logísticos, transporte de mercancías y producción industrial, provocando aumentos en alimentos, servicios y productos básicos. Esto afecta principalmente a las familias de menores ingresos, cuyo poder adquisitivo se reduce frente a una inflación persistente.
Otro aspecto importante es que México actualmente importa una parte considerable de gasolinas y productos refinados. Esto provoca una contradicción económica: aunque el país exporta petróleo crudo a precios elevados, también paga más caro por los combustibles refinados que consume internamente toda vez que la refinería Dos Bocas aún no tiene una producción representativa.
A largo plazo, depender excesivamente de ingresos petroleros también representa un riesgo estructural. Los precios internacionales del crudo son altamente volátiles y dependen de factores geopolíticos, conflictos internacionales por las condiciones del conflicto con Iran y el estrecho de Homus y producción de la OPEP y desaceleraciones económicas globales. Basar la estabilidad financiera nacional en un recurso tan variable puede generar vulnerabilidad económica aún nuestro peso fortalecido que ronda por $17.50 pesos por dólar.
El reto para México no consiste únicamente en aprovechar un precio alto del petróleo, sino en transformar esos ingresos extraordinarios en inversión productiva, infraestructura energética, innovación y fortalecimiento industrial y migrar al Fracking como último recurso; De lo contrario, el petróleo seguirá siendo un alivio temporal más que una solución de fondo para el crecimiento económico nacional.
Hoy, el petróleo a 110 dólares por barril representa una oportunidad importante para el país, pero también una advertencia: los beneficios inmediatos pueden convertirse en problemas futuros si no existe una estrategia económica sostenible y de largo plazo.
Lo que otrora fue, los ingresos petroleros base de los ingresos tributarios hasta un 39% de ellos, el primer rubro de ingresos para el país, se ha visto desplazado por las remesas que para este primer trimestre del 2026 ascendiendo a 14,457.00 millones de Dólares pero, en contra parte, Pemex reportó una pérdida neta de 46,000 Millones de pesos para el primer trimestre en el mismo periodo con una disminución del 7.6% en los ingresos de Pemex. Por otra parte, a partir del 1ro de enero de este año, las remesas enviadas en efectivo, money orders y cheques de caja desde EUA , pagarán un impuesto del 1% sobre el monto total que representa $2,529’975,000 de pesos. Un ingreso reconfortante para las lastimadas finanzas pública de la federación.
Dr. Emigdio Archundia
CEO de la Firma Internacional Archundia Consultores
Director de AGI México.
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