Fábricas sí… ¿qué pasa con la mente?

Por: Velia María Áurea Hontoria Álvarez

Mucho se habla del nearshoring y del reshoring como las grandes palabras mágicas de nuestro tiempo. Y sí, es emocionante ver cómo aterrizan las inversiones y nuestras ciudades cobran un nuevo brillo; la nuestra, de hecho, lo hizo hace poco con una inversión tan valiosa como importante. Pero, en medio de este entusiasmo, hay una pregunta que incomoda y que no podemos ignorar: ¿estamos creciendo de verdad o solo estamos rentando el espacio?
Como dirían los más jóvenes: ¿somos novios de a ratitos?
Celebrar la apertura de nuevas empresas es válido, por supuesto, pero es insuficiente. Al final del día, el cemento y el acero se deterioran; con el tiempo se transforman en chatarra y olvido. El verdadero desarrollo no se queda pegado en las paredes de una nave industrial; vive y respira en la mente de quienes trabajan dentro. Bien se ha dicho que “la riqueza de una nación se mide por el saber de su gente”. Por eso, mientras más cultivamos la mente, más brilla el entorno y mejor se produce. Estos son tiempos de innovar, no solo de repetir.
El reshoring, en teoría, es traer de vuelta la producción. Pero la pregunta de fondo es otra: ¿estamos trayendo de regreso nuestra capacidad de crear y decidir, o la hemos dejado olvidada en el camino? Ese ingenio mexicano que ha levantado lo imposible no puede quedarse en pausa. No basta con atraer capital si seguimos formando personas para operar máquinas y conformarse con lo básico.
Hoy el mundo exige más: mentes capaces de diseñar, construir y liderar. De nada sirve ser estratégicos en el mapa si estamos vacíos en la cabeza. El desarrollo no se mide en metros cuadrados, sino en la capacidad de una sociedad para dejar de seguir instrucciones y empezar a generar soluciones. Y eso, seamos honestos, no ocurre por inercia ni porque el viento sople a favor.
Requiere volver a lo esencial: educación y disciplina intelectual. Necesitamos sembrar en nuestros jóvenes no solo habilidades técnicas, sino ambición. Que vuelva ese “gusanillo” de cuestionar, de querer saber más, de atreverse a crear.
Enfrentamos una paradoja incómoda: tenemos el talento, pero nos falta la preparación. Hay mentes brillantes que, a veces, se sientan a esperar sin construir, con preparaciones a medias. Algunos dirán que ya no hace falta esforzarse, que para eso está la tecnología. Pero conviene recordar algo simple: la Inteligencia Artificial no piensa por nosotros, piensa con lo que nosotros le damos. Mientras más avance la técnica, más urgente será fortalecer lo único que no tiene reemplazo: el criterio humano, la sagacidad y la estrategia propia.
Es momento de dejar de postergar lo evidente. Empresas, universidades y gobierno tienen que dejar de caminar por separado. Si el capital está regresando, nuestro talento tiene que despertar con una ambición renovada. No estamos aquí para cubrir vacantes, sino para anticipar el futuro.
Porque el verdadero reshoring no es financiero ni de construcción: es intelectual. Es decidir que el conocimiento también se produce aquí, en casa. El futuro de México no se definirá por cuántas fábricas llegan, sino por cuántas ideas nacen y se ejecutan. Si las empresas están confiando, ya es hora de que nuestras mentes también lo hagan. O ¿Vamos a seguir esperando instrucciones de fuera… nos levantaremos del banquillo de reserva y jugaremos en las ligas mayores? Usted, ¿Qué decide?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *