//MENSAJE DOMINICAL:// Cristo, pastor que da vida

*IV domingo de Pascua


Pbro. Carlos Sandoval Rangel

“Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ese es el pastor de las ovejas” (Jn. 10, 1).

Los profetas, especialmente Jeremías y Ezequiel, molestos por las infidelidades de los reyes, a quienes se les aplicaba el nombre de pastores, anuncian que Dios va a suscitar un pastor único, que apacentará sus ovejas, de modo que estarán seguras (cfr. Jr. 23, 1-6; Ez. 34, 1-31). Y hoy Jesús se presenta como ese pastor esperado: “Yo soy el buen pastor”.

Los primeros cristianos, bajo esta imagen del buen pastor, entendieron muy bien la misión y todo el misterio de la obra de Cristo, desde el hecho de la encarnación hasta la plenitud de la redención.

Escribía el Papa Benedicto: las comunidades cristianas entendieron que “el Verbo de Dios, la razón creadora, el Logos, viendo a la humanidad como oveja errante, salió de su gloria y tomó sobre sus hombros a esta oveja errante, la humanidad”. El Verbo de Dios, al encarnarse, tomó sobre sus hombros la naturaleza humana, para reconducirla a aquello que le da vida. Con su amor en la cruz, sana las heridas y con su resurrección nos ofrece la vida nueva. Por eso, la obra de Cristo, buen pastor, da tanto sentido a la vida del creyente.

Por desgracia, esta imagen que facilitaba el entender de Dios en bien de la humanidad y que se convirtió en motor de la cultura occidental pierde mucho sentido a partir del secularismo moderno, que subraya una autonomía absoluta del hombre, donde se plantean si el hombre tiene voluntad y capacidad de razón, ¿para qué necesita a Dios? Se trata de una mentalidad que, en la práctica, sigue contaminando nuestros espacios, lo cual nos hace entender la lejanía de una humanidad que camina sin Dios, y que, por lo tanto, se le complica el mismo sentido de la vida humana como solo Dios lo puede dar.

Es el mismo Cristo quien, en el evangelio habla de los falsos pastores que manipulan a la humanidad y lastiman sus esperanzas. Creo que hoy tenemos algo muy claro: el mundo necesita ayuda, de lo contrario nos seguiremos fragmentando como humanidad. Después de la segunda guerra mundial, parecía que quedaba en claro que, por encima de todo interés, lo más importante es el ser humano, la persona, con todos sus dimensiones y capacidades.

La fe, por eso, no deja de recordarnos que Dios salió de sí para ponerse a nuestro favor. En palabras de Benedicto XVI: “El hecho de que realmente la Razón creadora, la Verdad misma, se haya comprometido con nosotros; que nos lleve, nos guíe, nos conozca a cada uno de nosotros por nuestro nombre” nos de debe dar la certeza que su presencia amorosa y la luz de su palabra nos permitirá llevar a nuestras familias y pueblos hacia los caminos que dignifican y dan sentido a todo. Cristo buen pastor, nos conduce hacia la razón de la vida: “yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

La época contemporánea ha estado marcada especialmente con las ideologías que nos prometen paraísos terrenales. Pero, estos no llegan, ni llegarán mientras, con humildad, no le permitamos a Dios que nos ayude a entender, a hacer el camino. De ahí, la advertencia de Cristo, buen pastor: ante voces extrañas, no debemos confundir su voz. Las voces extrañas son múltiples y variadas.

“Yo soy la puerta de las ovejas”. Él es la puerta que se abre para todos nosotros, para que en Él tengamos vida y vida plena (cfr. Jn. 10, 10). Mientras, el mundo gime de dolor, porque nos atrapan los miedos, las confusiones, las equivocaciones, los falsos caprichos, Cristo, buen pastor, está deseoso de sanarnos de esas heridas, cargarnos en sus hombros y reconducirnos a los buenos pastos. Pedro, le escribe a los creyentes, a quienes con enorme satisfacción les dice: “Por sus llagas (las de Cristo), ustedes han sido curados, porque ustedes eran como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus vidas” (1 Pe. 2, 25). Con esa misma satisfacción, demos a Cristo la oportunidad de sanar nuestras heridas. Démosle la oportunidad de que nos ayude a entender el camino de la vida.

Vino en busca de cada uno de nosotros y Él también se siente satisfecho cuando nos dejamos curar por sus manos amorosas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *