(Primera parte)
J. Gerardo Mosqueda M.
Es común preguntarse desde alguna perspectiva objetiva, y quizá analítica sobregrandes desafíos que enfrenta una nación, en este caso México, y normalmente buscamos indicadores que nos marquen ciertas tendencias o quizá ciertas demandas ciudadanas más recurrentes, de manera que agrupando las explicaciones es factible llegar a un listado de afirmaciones que por su frecuencia de respuestas nos indican cuál de estos indicadores se vuelven principales.
En cinco grandes temas podemos agrupar los enunciados que describirían una realidad que está afectando a todo el país:
1. Es principal preocupación, la seguridad pública y la violencia, porque la inseguridad y el crimen organizado se mantienen constantemente como la mayor preocupación de la sociedad mexicana que enfrenta diariamente el impacto de la actuación a través de acciones de narcotráfico, de extorsiones, de homicidios y desapariciones, y esta situación afecta tanto al tejido social, como las decisiones de inversión económica en diversas regiones del país. La encuesta nacional de seguridad público-urbana revela que el 59.8% de la población de 18 años y más que vive en el área urbanas se siente insegura en su ciudad, en el caso de las mujeres. Esta percepción es mayor al 65.6%.
2. La situación económica y el costo de vida. Quien tiene duda que los bolsillos de las familias mexicanas son una inquietud central y que, a pesar del aumento al salario mínimo y la aparente estabilidad del peso en ciertos periodos, la realidad es que la inflación agarra esta básica y el acceso a empleos formales bien remunerados, son críticos; más de la mitad de la población económicamente activa trabaja en la informalidad lo que limita su acceso a prestaciones de ley y a fondos de retiro. El reporte oficial del INEGI sitúa la inflación general anual en 3.26% y la mayor presión en se encuentra en las variaciones que registran los productos agropecuarios que impactan diariamente la adquisición de la canasta alimentaria básica.
3. Acceso y calidad de los servicios de salud. El sistema de salud pública vive un proceso profundo de descomposición que genera incertidumbre; el desabasto de medicamentos para enfermedades graves, los tiempos de espera tan prolongados y la transición hacia nuevos modelos institucionales. Son focos rojos de Atención para los ciudadanos que buscan ser atendidos de manera digna. Focalizando en un tema específico como es la salud mental. En los estudios de INEGI arrojan el 21.4% de los adultos en México presenta síntomas de ansiedad y en los centros de salud pública del país. Las dos principales causas de consulta especializada en este ramo son precisamente ansiedad 52.8% y depresión 25.1%.
4. La percepción de corrupción en todos los niveles de gobierno, y las instituciones de justicia es cada vez más elevada. La impunidad de los delitos, donde la gran mayoría de los crímenes denunciados, no se resuelven, debilita la confianza ciudadana en las autoridades en el sistema judicial y todo esto es un efecto de los obstáculos que tiene el estado de derecho. Es muy lamentable que la percepción de la población que tiene o tuvo contacto directo con autoridades de seguridad pública. Experimentó algún acto de corrupción en un 45.6%, pero también la corrupción en el ámbito financiero y en el ámbito político se mantiene en el más alto nivel, siendo identificada por el 34% de los mexicanos como uno de los tres más graves problemas institucionales del país.
5.En el país existe una crisis de agua que está afectando tanto a las zonas metropolitanas como a todos los estados del norte del país, porque no es una amenaza futura. Es una realidad diaria, las sequías prolongadas, la mala infraestructura de distribución y la falta de políticas de sostenibilidad ambiental están generando tensiones sociales muy importantes.
La evolución de los indicadores de salud mental en México, específicamente la ansiedad y la depresión muestran una tendencia sumamente compleja entre el periodo posterior a la pandemia, 2021 y las mediciones oficiales más recientes 2025 y 2026.
Prácticamente uno de cada cinco mexicanos vive con expresiones constantes de ansiedad o depresión, como el principal problema de salud mental del país. Los casos clínicos de depresión han registrado un incremento sostenido en las instituciones de salud, el porcentaje de personas con indicios de depresión se ubicó entre 10.9% y 13.4%.
Tanto en ansiedad, como en depresión, las mujeres registran tasas considerablemente más altas que los hombres: los indicios de ansiedad afectan al 26.2% de las mujeres y al 17.4% de los hombres del caso de los indicios de depresión impactan al 15.9% de las mujeres en contraste con el 10.5% de los hombres y en un análisis cualitativo. Se asocia estos porcentajes a las cargas asimétricas de trabajo, no remunerado de cuidados del hogar y de violencia de género.
Según la edad, la depresión no evoluciona de forma lineal con la edad, sino que dibuja una curva con dos picos críticos: los jóvenes entre 18:29 años un primer pico alto con 11.3% con indicios de depresión, vinculado a la incertidumbre laboral, económica y académica, por otro lado, los adultos mayores 60 años y más alcanza un 12.5% y normalmente está asociado con aislamiento social, deterioro físico y el sentimiento frecuente de Soledad.
En este contexto y vinculado a estas cifras, se da un preocupante panorama de tasas altas de suicidio en jóvenes, que desde luego representa uno de los retos de salud pública más delicados de las últimas décadas; el más reciente comunicado de INEGI sobre estadísticas, a propósito del día mundial para la prevención del suicidio se registraron 8709 de funciones por suicidio, lo que representa una tasa nacional de 6.7 defunciones por cada 100,000 habitantes.
El comportamiento por edades confirma que la población joven es la más vulnerable ante esta problemática de salud mental. Las personas de entre 15:29 años presentan la tasa más alta a nivel nacional con 10.2 suicidios por cada 100,000 jóvenes y el entorno familiar es el principal escenario de este fenómeno donde el 70.3% de los eventos en este sector de edad ocurren dentro de una vivienda particular.
Casi ocho de cada 10 personas que mueren por suicidio son hombres. Los expertos explican que los hombres suelen buscar menos ayuda psicológica debido a estigmas de género, y generalmente recurren a métodos de mayor letalidad.
Desde luego que el suicidio se puede prevenir, existen alternativas institucionales y profesionales gratuitas que operan 24 horas como la línea de la vida o el sistema de Emergencias nacional o los centros de salud locales.
Si buscaremos una reflexión transversal que nos permite identificar la importancia de los factores que generan o impulsan cambios profundos en las preocupaciones de salud psicológica de las personas. El fenómeno de la religiosidad parece tener un impacto generacional importante, especialmente en lo que durante algunos años se ha venido llamando la generación Z.
La asociación entre el fenómeno del suicidio y el diseño de alternativas de salud que mejoren las condiciones de vida requiere transitar de un enfoque puramente médico, reactivo, es decir, tratar la crisis, cuando ya ocurre, un enfoque de salud colectiva y preventiva, es decir, transformando el entorno que genera el sufrimiento.
Lo recomendable está en tomarlas propuestas de la organización mundial de la salud que sugieren, se deben implementar al tal como alternativas integrales, estructuradas en cuatro pilares:
1. Descentralizar y alfabetizar en salud mental. Los modelos actuales siguen concentrados en recursos para hospitales, psiquiátricos y se requieren alternativas de salud para integrar evaluaciones de depresión y ansiedad en las clínicas de primer contacto comunitario y también el impacto en las condiciones de vida que permite tratar los padecimientos emocionales antes de que escalen a una crisis suicida, ayuda mucho educar a las familias y las escuelas en primeros auxilios psicológicos
2. Creación de redes de apoyo y comunidades de pertenencia. En aislamiento digital y la desintegración del tejido social. Son dos principales detonantes de la desesperanza en la generación Z se requieren programas comunitarios, no clínicos gestionados en barrios y escuelas y ofrecer a los jóvenes un sentido de utilidad y pertenencia e identidad física real. La conexión humana actúa como un amortiguador biológico contra los niveles crónicos de cortisol, provocados por el estrés y la ansiedad social.
3. La salud laboral y el bienestar económico requiere de implementar de manera rigurosa, normas oficiales mexicanas como las cero 35, que regulan los factores de riesgos psicosocial en el trabajo, obligando a las empresas a garantizar balances vida, trabajo y ofrecer en entornos organizacionales favorables.
4. El 70.3% de los suicidios en jóvenes ocurren dentro de las viviendas, por lo que es importante sumarse campañas de salud pública, enfocadas en el almacenamiento, seguro de medicamentos de libre venta, plaguicidas, y por supuesto el control de agua de fuego. Si disminuimos el acceso inmediato, a métodos letales se abre una ventana de tiempo crucial, para que las personas reciban ayuda y su crisis disminuya.
Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda M.

