J. Gerardo Mosqueda Martínez
La renuncia de Guadalupe Taddei en medio de severas acusaciones de corrupción es un punto de inflexión crítico para la narrativa y la estabilidad del régimen político en México. En los escándalos, las frivolidades y la conducta que deriva de las reformas legales promovidas por Morena y que le dieron plenitud de poderes a la presidenta del INE impacta de forma profunda en tres ejes estratégicos del gobierno y de su movimiento, a unos cuantos meses de las elecciones intermedias en el país.
Según el discurso del oficialismo, la llegada de Taddei purgaría al INE de la vieja Guardia que representaba el anterior presidente Lorenzo Córdoba, con el propósito de instaurar, una nueva era de austeridad, imparcialidad y cooperación institucional.
Nada más lejos de la realidad, aunque los periodistas han revelado en todos los tonos las incongruencias del régimen, de los militantes de Morena y sus aliados y de las propias autoridades institucionales del INE.
La salida “por la puerta de atrás” y en medio de severos señalamientos de corrupción; como las denuncias sobre sus chóferes vinculados a la venta de material electoral, desarma el relato del cambio moral. Para el régimen, esto representa un altísimo costo, el relevo institucional que defendieron no sólo falló en consolidar un arbitraje electoral pacífico, sino que está en los mismos vicios que la narrativa oficial prometió erradicar.
La deslegitimación del árbitro electoral con un INE descabezado y cuestionado éticamente debilita la confianza en los procesos democráticos. Esto incluye las acusaciones de la consejera, Rita Bell López sobre presuntas amenazas e intimidación por parte de Taddei, que comunican la imagen de un organismo sumido en el caos y en el canibalismo político, más que en la certeza jurídica.
Hasta hoy, el régimen sostuvo su legitimidad sobre el pilar de la honestidad y el combate a los privilegios, pero la primera mujer que preside el INE renuncia por un escándalo de corrupción y rompe la coherencia del mensaje, porque para el ciudadano común no hay distinción entre el viejo o el nuevo INE, cuando los titulares están enfocados en desvíos y opacidad, para la opinión pública todo el aparato burocrático sigue fallando.
Aunque toda la maquinaria política del régimen esté haciendo esfuerzos extraordinarios, por activar una narrativa de limpia y de control de daños bajo el argumento de qué las instituciones ahora sí, se fiscalizarán a sí mismas y que no se solapara a nadie… la verdad es que hoy el reto para el régimen será procesar la sucesión en el INE, sin que parezca una imposición directa, hará el intento de rescatar la narrativa de una democracia constitucional fuerte de cara a los próximos ciclos electorales, pero el daño que se ha hecho todavía no logra tocar fondo en la reacción de los mexicanos, ante una corrupción galopante, desmedida y torpe que pone al descubierto todo el régimen involucrado en saquear los fondos económicos del país.
Es verdad que hay una gran preocupación desde el gobierno por recaudar, también es verdad que los discursos, los mensajes relacionados con auditorías profundas o con evaluaciones económicas de todos los proyectos cómo es verdad que los mexicanos estamos hartos por la insuficiencia económica del país, por el estancamiento en el crecimiento económico y, lamentablemente, por el deterioro en la infraestructura y el equipamiento del país, pero la construcción de relatos desde el poder hoy no puede evitar que se siga hablando de corrupción como el sello distintivo de la cuarta transformación es decir, son lo mismo.
Hoy la presidente de México puede exigir que se investigue el monopolio y el coyotaje histórico en los materiales electorales, hará lo posible por quitarle el sello de corrupción a Morena, por el escándalo de Taddei, y hasta podrá argumentar que el problema de los proveedores viene de administraciones pasadas, pero la narrativa oficial hoy no se puede quitar que casos de corrupción emblemáticos como el del INE y una respuesta tardía, equivoca y torpe del gobierno ha incrementado el posicionamiento de un gobierno corrupto.
Querer incluir a Lorenzo Córdoba en la ecuación es un recurso de un manual viejo para activar la polarización defensiva y ahora resulta que el símbolo preferente por excelencia del INE es el antiguo INE.
El efecto de distracción que intentó inmediatamente el gobierno de la República, ha sido tardío, incompleto, confuso, e insuficiente, porque no hay manera de justificar que tomaron el INE y le dieron poderes extraordinarios para ignorar la acción colegiada de un Consejo electoral y hoy la intención de combatir la corrupción y desarticular oligopolios ha quedado solo en un discurso, porque los activos de la oficialismo de morena se han encargado de ratificar la corrupción y consolidar negocios irracionales, que vienen a confirmar, con frivolidades, el deterioro de la democracia en México.
La narrativa del oficialismo sigue siendo fuerte para el consumo de sus propias bases, pero enfrenta fisuras graves frente a la opinión pública crítica y un ejemplo de ello, es recordar que la señora Taddei llegó por un mecanismo de tómbola, que fue defendido con vehemencia por el oficialismo, pero que también expone los riesgos de haber apostado por el azar en lugar de perfiles, con filtros estrictos de honestidad y de contrapesos.
La insostenible crisis en el INE ha abierto un boquete narrativo y operativo en el bloque oficialista que los partidos de oposición podrían capitalizar de manera inmediata, aunque siguen faltando que se den a conocer las renuncias de la cúpula electoral, y la oposición puede encontrar 3 a de oportunidad críticas para recuperar terrenos y cambiar la agenda pública de cara a los comicios del 2027:
1. Desarticular los superpoderes y forzar la colegialidad. Es el momento de unirse en un bloque para presentar iniciativas que reformen el artículo 45 de la ley general de instituciones y procedimientos electorales, con el propósito de retirar las facultades unilaterales que morena le otorgó a la presidencia del INE. Esta operación le daría posicionamiento de defensora de los contrapesos institucionales, forzando a que la toma de decisiones vuelva a ser colegiada y diluyendo el control que el ejecutivo pretende seguir ejerciendo sobre el árbitro electoral.
2. Durante años, el discurso oficialista acusó al viejo INE de ser una élite dorada y corrupta con la caída de Tadei por todos los conflictos de interés y desvío de recursos con proveedores. La oposición tiene la oportunidad de demostrar que el INE de la cuarta transformación resultó más opaco e ineficaz y al exigir auditorías profundas comparecencias del órgano interno de control y denuncias penales, ante la fiscalía, la retórica de la transparencia cambiará de voceros.
3. Exigir un perfil de consenso social y ciudadanizar la sucesión. Dado que la Cámara de Diputados deberá nombrar a una nueva consejera presidenta para un periodo de cuatro años. La oposición tiene la coyuntura ideal para vetar cualquier perfil abiertamente, militante que llegue por cualquier medio, incluyendo la tómbola, es la oportunidad de replantearse una nueva fórmula de alianza, con la sociedad civil, donde se pueda convocar a universidades a barras de abogados y organizaciones civiles para que actúen como observadores de los procesos de designación y al articular del frente amplio, exigir los perfiles con Carrera electoral y elegidos por unanimidad.
La crisis del INE ha logrado que el tema salga de la clave de discusión técnica de derecho electoral para conectarse con una crisis institucional, con sus causas sociales, su lenguaje digital y su cinismo, aprendido hacia la política y las nuevas generaciones que crecieron viendo la transición democrática, pero también la consolidación de la crisis de violencia y corrupción. En México tienen hoy elementos suficientes para que este tema resuene en esas nuevas generaciones y se ha traducida bajo la siguiente lógica: – a un Millennial, es probable que no le interesen las pugnas por el artículo 45 de la ley general, procedimientos electorales, pero si es probable que tenga interés por saber cómo se gasta el dinero público, encuadrar el escándalo de Taddei no como un asunto político sino como un fraude descarado con los impuestos de los ciudadanos, a través de desvíos millonarios en papelería electoral, mientras que estas generaciones luchan por pagar rentas caras o conseguir plazas con prestaciones y ver que los altos funcionarios operan redes de coyotaje, genera una indignación directamente proporcional a su propia precariedad económica.
Los Millennials entiendo perfectamente el concepto de un ambiente laboral tóxico, de acoso laboral y de jefes impuestos por nepotismo. Las denuncias de la consejera, Rita Bell sobre presuntas, amenazas e intimidación por parte de Taddei permiten explicar al INE, no como el Instituto de la democracia, sino como una empresa pública, secuestrada por directivo, sin competentes, que persiguen a quienes si hacen su trabajo.
El fenómeno lamentable de corrupción en el INE ha permitido transitar del meme al análisis en formatos nativos como TikTok o como micro documentales, de manera que está funcionando el uso de videos cortos con tonos rigurosos para explicar que la crisis del INE Está resultando una vía eficiente para romper la apatía y el formato de StoryTime o los creadores de contenidos que desmenuzan el comentario político, como si fuera cultura pop, son los que están dictando la agenda de las generaciones de jóvenes también en estos temas.
Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda Martínez

