PROSPECTIVA: RENEGOCIACIÓN… REVISIÓN…

J. Gerardo Mosqueda M.

El T-MEC se mantiene plenamente en este momento, pero está condicionado a un proceso de revisiones anuales.
El pasado 1ero de julio se cumplió la fecha límite para la primera revisión obligatoria de seis años del tratado comercial de América del Norte, hoy rebautizado como T-MEC. El gobierno de Estados Unidos decidió no renovar automáticamente el acuerdo por otros 16 años en su formato actual, argumentando la necesidad de solucionar fallas y deficiencias comerciales. De esta manera se activó de inmediato la cláusula de revisión anual, transformando radicalmente la dinámica política del acuerdo.
El tratado cuenta con una cláusula de vencimiento que se diseñó, precisamente para evitar que el acuerdo quedará obsoleto, pero introduciendo una fuerte presión política, tras la decisión de Estados Unidos, el panorama está configurado de la siguiente manera:
1. Sigue vigente hasta 2036. El tratado no se cancela, no se termina, no se destruye de la noche a la mañana. Su vigencia legal continúa intacta por los próximos 10 años.
2. Al no haber una renovación automática, México, Estados Unidos y Canadá estarán obligados a sentarse a negociar cada año y la próxima ronda bilateral formal ya está programada para iniciarse en la ciudad de México.
3. En cualquiera de estas reuniones anuales, si los tres mandatarios logran ponerse de acuerdo y firman la confirmación por escrito, el tratado podrá volver a extenderse por un periodo largo, es decir, otros 16 años.
4. Si pasan los 10 años de revisiones anuales y llega el 1 de julio de 2036, sin que las tres naciones logren resolver sus diferencias el tratado llegará oficialmente a su fin.
La postura del gobierno estadounidense de usar la palabra renegociación en lugar de revisión, es una clara estrategia de presión política, los temas centrales que están condicionando el futuro del acuerdo y que se discutirán con intensidad son los siguientes puntos:
1. Washington exige restringir fuertemente a las “entidades extranjeras de preocupación” busca bloquear que empresas chinas usen a México como un trampolín para introducir productos a Estados Unidos sin pagar aranceles.
2. El sector sindical estadounidense exige presionar más a México, para elevar los salarios en las manufacturas y aplicar el mecanismo laboral de respuesta rápida de forma acelerada.
3. Siguen pendientes las inconformidades de Estados Unidos respecto a las políticas de México en el sector energético, con lo que se sigue favoreciendo a las empresas paraestatales como CFE y PEMEX y por otro lado, las restricciones al maíz transgénico.
La presidente Sheinbaum y el secretario Ebrard han enfatizado que las revisiones anuales se usarán como un carril formal para ir desahogando pacíficamente cada inconformidad. No hay ruptura comercial, pero sí una constante presión política e incertidumbre que obligará a los tres gobiernos a negociar año tras año.
Al optar por las revisiones anuales en lugar de una extensión por 16 años, la administración de Estados Unidos gana una enorme ventaja estratégica, económica y política, basada en incertidumbre controlada, analistas de firmas internacionales estiman que este esquema de presión se mantendrá deliberadamente, al menos hasta el año 2028, cuando concluye el mandato presidencial en Estados Unidos.
Cuáles son las ganancias concretas que obtiene Washington, con esta postura:
1. Un freno a inversiones en México, que podría implicar la repatriación de capitales, mientras las reglas del juego comercial en Norteamérica cambian o se discutan cada año, las empresas trasnacionales estarán en un estado de cautela.
2. Al generar dudas sobre los aranceles que México pagará en el futuro habrá corporaciones que prefieran postergar sus inversiones en territorio mexicano o decidan construir sus plantas directamente en Estados Unidos, donde el riesgo regulatorio es cero. Esto cumple la promesa de Trump de regresar empleos manufactureros a su país.
3. Estados Unidos utilizará la mesa de negociación anual como un escudo para monitorear las aduanas y la inversión extranjera en sus países vecinos, con lo que establece un mecanismo de bloqueo definitivo a China.
4. El tener a Mexico sentado a la mesa cada 12 meses. Washington puede vigilar de cerca e impedir de inmediato que el gobierno mexicano acepte inversiones o plantas automotrices provenientes de China, con lo que obliga a México alinearse por completo a la estrategia geopolítica de la Casa Blanca.
5. Negociar desde la amenaza, le otorga a Estados Unidos una posición dominante.
6. Estados Unidos tiene una lista de exigencias iniciales, por ejemplo, cambios en las reglas de origen de los automóviles y el déficit comercial con la presión anual puede poner en desventaja a México y a Canadá para que cedan gradualmente en áreas como compras gubernamentales, maíz transgénico o políticas energéticas.
Sin duda hay un discurso y una estrategia proteccionista de parte de Estados Unidos y la narrativa de que sus socios comerciales se aprovechan de el país es un motor electoral muy poderoso para el partido del actual presidente, por lo tanto la ganancia para Estados Unidos consistirá principalmente en mantener el TMEC bajo una tensión constante, lo cual le permitirá al mandatario estadounidense presumir ante su base de votantes que está defendiendo los empleos locales, día con día, frente a los mercados extranjeros.
El gobierno mexicano ha estructurado su razonamiento sobre estas maniobras de una manera pragmática y en lugar de entrar en pánico, está utilizando la propuesta de producir más en Norteamérica para reducir el déficit comercial de la región frente a Asia con la oferta de sustitución de importaciones clave como semiconductores o componentes médicos, con lo que aspira atemperar los reclamos de Estados Unidos sin verse en el escenario de desmantelar el tratado.
El próximo día 20 de julio, es una reunión clave porque será el primer termómetro real para ver qué tanto se tensarán las relaciones con Washington con estas nuevas reglas anuales.
No es recomendable subestimar que el escenario de vinculación de los asuntos derivados del T- MEC, y por otro lado, la presencia de la delincuencia organizada representa una carta de coacción política agresiva que tiene Estados Unidos sobre México; aunque técnicamente el T-MEC es un tratado estrictamente enfocado a la integración económica y comercial del gobierno de Estados Unidos. Ha cruzado las fronteras temáticas, utilizando su poder arancelario para forzar a México a alinearse a sus prioridades de seguridad:
1. El gobierno de Estados Unidos impulsa la clasificación de los carteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras y políticamente esto le da cierta justificación para sanciones financieras, no sólo a los criminales, también a las instituciones mexicanas que por omisión o por corrupción, facilite el comercio regional de estos carteles… veremos cada 12 meses como el gobierno de Estados Unidos se verá en la condición de amenazar con aranceles a las exportaciones mexicanas, si el flujo de migrantes o de drogas no disminuyen en la frontera.
2. Frente a esta embestida del gobierno de Estados Unidos, la respuesta del gobierno mexicano, hasta hoy, sigue siendo de una evasión pragmática y de una narrativa de soberanía; sostienen que la delincuencia organizada y el fentanilo no son asuntos escritos en el texto legal del tratado, por lo tanto, el discurso oficial busca desviar la presión, alegando que los temas de seguridad deben tratarse en mesas bilaterales, separadas e independientes del acuerdo comercial.
3. Cada vez que el departamento de estado exija resultados concretos contra las redes narcoterroristas, la postura del gobierno mexicano es culpar la demanda interna de Estados Unidos. El argumento defensivo es muy claro: si Estados Unidos no detiene el consumo, ni el tráfico ilegal de armas hacia México. el problema de este lado de la frontera quedará sin resolver.
4. Para evadir las sanciones comerciales mayores México aplica una política de válvulas de escape, es decir, entrega resultados tangibles de manera intermitente, por ejemplo, la rápida extradición de capos de las drogas o el despliegue mediático de la Guardia Nacional en las fronteras, así como decomisos de precursores químicos como si con eso se lograra, disminuir o apaciguar las amenazas de la Casa Blanca.
Sin embargo, existen las organizaciones de representación comercial como American Society of México, que no dejan de advertir que, si se contamina el tratado con la lucha contra el crimen organizado, es de alto riesgo y peligroso para las inversiones. Por ello existe la propuesta de crear un tratado de lucha contra el crimen en un formato paralelo al que ya existe en materia comercial con el propósito de separar ambas agendas y evitar que las cadenas de suministro de industrias clave corran el riesgo de verse interrumpidas constantemente por cierre fronterizos o por operativos de inspección masiva, impuestos de manera unilateral.
En el contexto de un escenario donde el gobierno mexicano sigue manteniendo la protección a figuras políticas vinculadas con las organizaciones criminales, el futuro de las relaciones bilaterales no será de ruptura total, pero sí puede ser de una coexistencia hostil, caracterizada por sanciones selectivas y por un estancamiento económico inducido, debido especialmente a la enorme interdependencia económica entre ambos países.
Es verdad que Estados Unidos no puede romper por completo con México, pero el costo político y comercial para el país será sumamente severo a través de los siguientes frentes:
1. Pérdida de confianza de inversión. La certeza jurídica es el pilar del comercio, si las agencias y las empresas de Estados Unidos constatan que el crimen organizado controla sectores del gobierno, las inversiones en general tenderán a congelarse.
2. La incertidumbre también generada por las revisiones anuales del T-MEC se agravaría y puede ser que las empresas transnacionales prefieran mudar sus operaciones a economías de Centroamérica del sur de Estados Unidos o inclusive de Europa oriental, antes que arriesgarse a extorsiones o sanciones regulatorias.
3. También es probable que se impongan aranceles generalizados que afectan a los consumidores estadounidenses, y con ello, el gobierno de Estados Unidos podría activar herramientas legales dirigidas específicamente a las clases políticas mexicanas.
4. Es probable el incremento en la revocación inmediata de visas para funcionarios públicos y sus familias, así como el congelamiento de cuentas bancarias, como ya se está viendo con algunas figuras hasta hoy defendidas por el gobierno mexicano.
5. Las revisiones anuales del T-MEC podrían convertirse en la pesadilla diplomática para México, porque Estados Unidos podría condicionar cada renovación a la entrega o extradición inmediata de algunos perfiles específicos.
La desconfianza mutua pone en riesgo que se paralice por completo el intercambio de datos de inteligencia entre agencias norteamericanas y las estructuras de inteligencia de las fuerzas armadas mexicanas; ante la ausencia de un socio confiable en México, Estados Unidos ya estaría incrementando el espionaje digital masivo, las operaciones encubiertas de captura en terceros países y la presión diplomática internacional para exhibir los vínculos del gobierno, con los carteles.
Por desgracia, el futuro mediato perfila una relación desgastada, donde Estados Unidos utilizará la economía como un garrote político permanente y México seguirá respondiendo con una retórica de soberanía nacionalista hacia el interior del país, mientras cede en lo privado para evitar el colapso financiero. Ambos países pueden quedar atrapados en un ciclo de desconfianza, donde la agenda de seguridad opacará por completo el potencial económico de la región.

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda M.

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