//OPINIÓN:// Cuidar el futuro

Por Velia María Áurea Hontoria Álvarez

Esta semana falleció don Miguel Mancera Aguayo a los 93 años. No tuve la oportunidad de conocerlo y, por lo tanto, no tengo la pretensión de escribir sobre el hombre. Quiero, este domingo, hacer una reflexión sobre su legado y, sobre todo, sobre la importancia de las instituciones que ayudó a construir.
Miguel Mancera dedicó prácticamente toda su vida profesional al Banco de México. Fue una figura fundamental en la construcción de su autonomía y, cuando ésta entró en vigor en 1994, se convirtió en el primer gobernador del Banco de México autónomo.
Autonomía. Parece una palabra lejana y técnica, pero representa una de las decisiones institucionales más importantes para la estabilidad económica de nuestro país. Podríamos preguntarnos por qué debería importarnos si es tema de economistas, empresarios o funcionarios y que la labor del banco central poco tiene que ver con nuestra vida cotidiana. Y, ahí creo debemos puntualizar: la labor del Banco de México se hace presente en el día a día: cuando vamos al supermercado y nos alcanza o no para comprar lo de siempre; cuando intentamos ahorrar para una casa; cuando una familia hace cuentas para llegar a fin de mes, o cuando vemos que nuestro dinero pierde o conserva su poder adquisitivo -es decir vale lo mismo hoy que dentro de diez años-
Ahí radica la relevancia de un banco central: procurar la estabilidad del poder adquisitivo de nuestra moneda. Porque cuidar el valor del dinero significa defender el fruto del trabajo y del ahorro de millones de mexicanos.
Miguel Mancera habló de “la estabilidad como prerrequisito del desarrollo”. La idea conserva toda su vigencia pues sería muy difícil construir el futuro si familias y empresas no tienen una certeza razonable sobre cuánto valdrá mañana el dinero que hoy ganan, ahorran o invierten.
Quienes vivimos las crisis de los años setenta y ochenta sabemos bien lo que sucede cuando la política monetaria queda subordinada a necesidades financieras o políticas de corto plazo. México conoció devaluaciones, inflación descontrolada y periodos en los que los ahorros y el patrimonio de las familias se esfumaron rápidamente.
Por eso la autonomía del Banco de México no nació de una ocurrencia. Surgió de las dolorosas lecciones que dejaron aquellas crisis y de la necesidad de contar con una institución capaz de tomar decisiones técnicas e independientes, con la mirada puesta no solo en las urgencias del presente, sino también en la estabilidad del futuro.
La economía requiere confianza y certidumbre de largo plazo para invertir, abrir un negocio, generar empleo, adquirir una vivienda o simplemente trabajar y ahorrar con tranquilidad. Para ello, necesitamos saber que ciertas reglas fundamentales no cambiarán arbitrariamente según las necesidades políticas del momento.
Por eso, la independencia de un banco central no es una postura en contra del gobierno. Todo lo contrario: una institución independiente protege incluso a los propios gobernantes de la tentación de resolver un problema inmediato mediante decisiones que pueden generar una crisis mañana. Pero, sobre todo, nos protege a nosotros.
Cuando se defiende la estabilidad monetaria, se protege algo mucho más concreto que una cifra, se resguarda el salario ganado, el ahorro de toda una vida, la jubilación y el patrimonio que cada familia intenta construir.
Miguel Mancera entendió algo clave: la responsabilidad no consiste sólo en resolver los problemas del presente, sino en evitar que las decisiones de hoy se conviertan en los problemas del mañana. Quizá ese sea el sentido más profundo de las instituciones sólidas: poner límites al presente para cuidar el futuro. Gracias, don Miguel. Descanse en paz.

 

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