*Urge rescatar el significado del ser humano en sí mismo, lo que es por naturaleza y por gracia
Síntesis de la intervención del Pbro. Dr. Carlos Sandoval Rangel, Secretario Ejecutivo de la Dimensión para la Cultura y la Educación de la CEM, sobre algunos puntos de reflexión de la Encíclica Magnifica humanitas, desde una mirada antropológica:
– Ofreció una lectura de la encíclica _Magnifica humanitas_ desde su núcleo antropológico más hondo: según sea nuestra visión del ser humano, así será el proyecto de nuestra vida. León XIV recoge con urgencia la necesidad de rescatar el significado del ser humano en sí mismo —lo que es por naturaleza y por gracia— como fundamento de todo lo demás.
– Sintetizó el documento en una frase: la magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva. Esa dignidad no está condicionada a ningún estatus ni circunstancia: somos imagen y semejanza de Dios, tomados del barro pero habitados por el hálito divino, y eso nadie puede borrarlo. Cristo llevó a plenitud esa obra humana, y por tanto todo lo que viene después —ciencia, tecnología, economía, política— debe sumar al ejercicio digno de lo que somos. Cuando no suma, estamos deshumanizando nuestras propias decisiones.
– Situó la encíclica en continuidad con el gesto de Cristo ante la pregunta sobre el matrimonio: remitir al principio. El Papa hace lo mismo: nos devuelve al origen, a lo que nos toca desde la creación, para que desde ahí podamos integrar con libertad lo que producimos. Recordó a Aristóteles: la gran dificultad del ser humano siempre ha sido integrar a la vida lo que produce. Cuando no lo logramos, nos ponemos objetivos fuera de nosotros y surge la complicación; cuando lo logramos, resplandece la grandeza humana.
– Planteó dos alternativas que la encíclica pone ante nosotros: la civilización del amor —el camino propio del ser humano, como decía Juan Pablo II, el único camino digno— o la cultura del poder y del dominio, que tiene su expresión filosófica en el superhombre de Nietzsche: un hombre que no mira hacia arriba sino hacia sí mismo, que no busca conocer sino dominar. La Torre de Babel frente a la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos.

– Sobre la inteligencia artificial, fue directo: o eclipsa la dignidad humana o, si la integramos bien, puede hacer que fluya su grandeza. El objetivo de la encíclica no es la IA sino el ser humano: rescatarlo y lograr que sepa integrar lo que él mismo produce. El llamado profundo es permanecer siendo humanos —permanecer siendo lo que Dios hizo de nosotros.
– Cerró articulando la relación entre persona y bien común: el valor de la persona genera bien común, y el bien común se convierte en el espacio donde la persona puede desarrollar su vocación. Cuando lo que producimos se coloca por encima del bien de la persona y del bien común, nacen los colectivismos totalitarios o los individualismos que aíslan. La salida no es individual: o nos hundimos todos o nos salvamos todos, y lo haremos cuando entendamos quiénes somos y actuemos no solos, sino en y con los demás.
Aquí el enlace:
Un abrazo en la oración.

